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Editorial: UNA HISTORIA PATRIA MENTIROSA…

Por Wilfredo Sierra Moreno.      

1aa wilfredoAyer asistimos una vez más a uno de esos imponentes desfiles militares que desde niños nos gustaron tanto, pero como siempre el evento estuvo desprovisto de una contextualización realmente seria de lo que el 20 de julio represento en la historia de esta nación que, curiosamente, ha construido la tradición escrita de su devenir en el tiempo a través de unas elaboraciones textuales realmente muy simplistas y desprovistas de un bagaje intelectual que realmente haga respetable todo ese número de libros que se han ido amontonando unos sobre otros, tratando de contar unos hechos que en el fondo nadie conoce seriamente.

Si el valor intelectual e investigativo del registro de nuestro pasado añejo y resiente se tiene que medir por lo que hoy eufemísticamente llaman Academias de Historia, realmente que tendríamos que sentarnos a llorar con verdadera vergüenza nuestra pobreza conceptual para asumir la investigación de nuestro pasado, porque estos centro no son más que un reducto de las más arcaicas vanidades de clase, representados – con un par de contadas excepciones – por los más necios exponentes de la versión moderna de los viejos chapetones, esos oportunistas que en el fondo nunca quisieron la independencia, pero que cayeron pronto a reclamar como propias unas luchas  en las que nunca estuvieron realmente comprometidos.

La pobreza crítica, conceptual, epistemológica y contextual de eso que hoy nos quieren presentar como historia patria es la forma como, poco a poco pero efectivamente, los gacetilleros de esta vergonzosa versión de los hechos fueron minando el papel fundamental y determinante de los militares en todo este proceso, para caer en una caricatura de republicanismo, que si bien es el argumento de fondo del libreto que hoy nos dan como verdad irremediable, no refleja todo el peso de los hechos tal cual se desarrollaron, cuando fueron las armas, los artilleros, la caballería, la oficialidad y los soldados rasos quienes nos dieron este remedo de libertad del que ahora nos preciamos.

Partidario irreversible de la no interferencia de los militares en las decisiones democráticas del país, ciertamente no deja de causarme escozor ver como a lo largo de los tiempos el ejército y las fuerzas armadas no lo han sido al ciento por ciento de la república, sino la mampara de los diferentes grupos de poder que llegan al gobierno: el ejército de Pastrana, el ejército de Samper, el ejército de Gaviria, el ejercito de Uribe, el ejército de Santos. Y como cuando quieren, los dueños transitorios del gobierno vapulean despiadadamente a los altos mandos del ejército, como lo hizo de manera humillante, por ejemplo, Álvaro Uribe Vélez, quien con memoria malamente selectiva, hoy quiere dárselas del más amigo de los amigos de las fuerzas militares de Colombia.

Es una verdadera lástima que quienes desde la ortodoxa histórica se rasgan las vestiduras haciendo patrioterismo histérico con una fecha que tiene muchas aristas en las cuales profundizar, no le digan a nuestras muchachada con responsabilidad analítica cierta, que parte del éxito de los logros criollos se dio porque España en ese preciso momento libraba una dura guerra a muerte con Francia, y ciertamente no tenía todos los hombres y los pertrechos disponibles para enfrentar la campaña independentista de estas tierras. Esa y muchas otras cosas están por precisarse en la conciencia colectiva de un pueblo al que no siempre se le ha contado su verdadera historia, porque los señoritos perfumados de las Academias nuestras solo quieren posar retocados en las fotos que legaran a su descendencia, buscando apuntalar pergaminos intelectuales que son más fáciles de falsificar que los de sangre, en donde a veces la genética les juega sus malas pasadas.

Por supuesto nunca estos musculados historiadores nuestros les dirán a sus lectores que jamás la dirigencia chapetona quiso una verdadera independencia de España, porque eran más realistas que le mismísimo Rey, y que lo que verdaderamente querían eran más privilegios económicos y sociales, y claro, un poco de títulos nobiliarios por los que se morían aquellos como los de ahora. Por eso no deja de ser sintomático el grito que hacían repetir a la gleba en medio de los sucesos supuestamente revolucionarios de, viva el Rey y abajo el mal gobierno. Y mucho de ese fondo falso en la conciencia de los supuestos patriotas, está en realidad de las miles de conspiraciones que estos ladinos padres de la patria tramaron contra Bolívar, a quien llevan a morir a Santa Martha luego de una agobiante travesía por el magdalena medio, instancias amargas en las que el Libertador indudablemente tuvo que pensar que sus enemigos ibéricos eran menos miserables que estos seudo republicanos de la Nueva Granada, que resultaron más fatales que el peor de los veneno.

¿Pero pueden hablar de estas verdades trascendentales quienes parados en un falso pedestal de analistas de la conciencia histórica nacional solo quieren vivir de oropeles fatuos? No sin razón nuestro gran Gabriel García Márquez decía que si había algo por escribir en este país era la historia de Colombia.