Editorial

Editorial: UNA JUSTICIA QUE NO SE VE POR NINGUNA PARTE.

DON CLIMACO 1 (1) bbHace algunos años el dicho, “la justicia cojea pero llega”, parecía presentar una cierta conformidad con un aparato jurídico que si bien tenía muchas trabas y dificultades, al final, como quien no quiere la cosa, funcionaba. Pero de esas épocas de conformidad a medias hemos pasado a una etapa en donde la justicia colombiana es una verdadera vergüenza, y muestra de cuerpo entero hasta donde falla la estructura del gobierno para brindar la seguridad y las garantías que hacen estable y sostenible un estado.

Y no es solamente que algunos sectores del régimen jurídico nacional entre frecuentemente en paro, con razones o sin ellas, sino que además los hombres supuestamente encargados de representar la dignidad de las cosas establecidas, los magistrados de los diferentes órdenes jurisdiccionales colombianos, son un verdadero ejemplo de desvergüenza, carencia de dignidad personal, altura y ejemplo social, propiciando a cada rato escándalos de las peores especies.

El problema de la ética no es solamente un hecho retorico para adornar discursos demagógico, sino que esa ética en el comportamiento y la forma de ser de los encargados a asumir la institucionalidad jurídica de una nación, es la que garantiza y sostiene la razón de ser de un pueblo y sus valores fundamentales. Y sin ese don preciado de ser en los magistrados y jueces de la nación, todo lo que se diga sobre legalidad, garantías públicas, igualdad ante los tribunales, es pura chicuca.

Un estado que elige a sus fiscales, jueces y magistrados de acuerdo a conveniencias políticas y compadrazgos no es viable ni aquí ni en Cafarnaúm, y el estado de cosas así estructurados no puede garantizar ningún tipo de acurdo entre partes para lograr la paz, reducir la pobreza, incrementar el desarrollo o combatir la corrupción.  Pero es que desafortunadamente en esta nación nos hemos acostumbrado a vivir y gobernar al son de titulares de prensa que no corresponden al ciento por cientos a los hechos, no reflejan el fondo falso de los participantes en los eventos, y esconde segundas intenciones con las que durante décadas entre nosotros hemos ido labrando nuestra propia desgracia.

Posiblemente nos digan agoreros de desgracias porque no nos creemos los cuentos pendejos de quienes nos prometen que, con solo una sola firma, ríos de miel y leche correrán, pero hace ya mucho tiempo pasamos las épocas infantiles en la que con historietas fantásticas nos hacían felices. No serán los funcionarios de la rama jurídica que viven en paro a toda hora, ni los magistrados al cual más descarados y cínicos, los que garantizan una base solidad para la paz permanente en ésta nación. Una nación que no tiene una estructura sólida y ética realmente cierta, no puede prometer nada serio a nadie para el inmediato futuro. En medio de los indelicados y vagabundos, no se construye, en ninguna parte del mundo, cosa estable.