Editorial

Editorial: ¿UNA SOCIEDAD QUE MATA SISTEMÁTICAMENTE SUS NIÑOS PUEDE HACER LA PAZ?

Por Wilfredo Sierra Moreno.       

WILFREDO SIERRA MORENOLa gran diferencia entre disciplinas científicas como la sociología o la psicología y los políticos en trance de pasar a la historia con supuestos hechos de paz, es que las primeras basan sus conclusiones en observaciones sistemáticas en el tiempo y las confrontan no solo con las mismas condiciones de vida en otras sociedades del mundo, sino igualmente con las evidencias profesionales del comportamientos mental y emocional del hombre. Y a cualquiera de estos profesionales les queda perfectamente claro que una comunidad que mata sistemáticamente a sus niños no solo es una sociedad enferma, sino radicalmente afectada por factores patológicos que nunca va a propiciar condiciones reales para vivir en tranquilidad y paz.

La más reciente matanza de niños, la de Caquetá, no solamente es repudiable y miserable, sino igualmente estaba anunciada desde hace varias semanas a raíz de unas reclamaciones de tierras por parte de individuos que litigaban por la propiedad de la finca donde vivian los familiares de los niños sacrificados. ¿Pero entonces que pasó? Lo de siempre… Aquí la justicia y la defensa de la seguridad y la integridad de los miembros de esta patria es pura retórica barata, y la cacareada “institucionalidad” es una palabreja que solo usa el Presidente de la República, los Ministros de Justicia y de Defensa para repetir la vieja cantaleta de que estos crímenes “no pueden quedar en la impunidad”, mantra insustancial que solo es el preludio de que una vez más nadie va a responder por los delitos por muy execrables que sean.

Pero atérrense, en lo que va de los 37 días de éste año 2015 se han registrado en el país 88 muertes de niños, 2 por día, y hasta ahora – si no es por este hecho de Caquetá – nadie había dicho esta boca es mía. Pero no solo mueren a diario niños sino igualmente mujeres, campesino, indígenas, y ciudadanos comunes y corrientes que son víctimas de algunas de las redes criminales que cada día son más fuertes. Delincuentes que ya no solo asedian paisanos comunes y corrientes de cualquier ciudad del país, sino a alcaldes, concejales, diputados, funcionarios de los diferentes niveles y, lean bien, hasta a la mismísima policía nacional, que según oímos en informaciones de estos días, tiene que ir, en Bucaramanga, hasta las casetas del tierrero para recuperar los espejos de alta gama de sus carros, vehículos que estaban parqueados justamente al frente de las instituciones policiales. ¡Carambas!.

¿De cuál verraca paz puede hablar una sociedad que a sus miembros desde la más tierna edad los someten a una vivencia dura, cruel, injusta, con padres igualmente llenos de patologías mentales terribles que se desahogan golpeando, agrediendo, violando y matando a sus niños?  Resulta lamentable que el ciudadano común y corriente nunca tenga tiempo para leer los estudios psicológicos de algunos de los más terribles criminales, de todos los estratos y órdenes, quienes indefectiblemente resultaron ser seres maltratados en su infancia, quienes luego desahogaron sus traumas en monstruosas patologías denigrantes…

Es la cadena vivencial de la desgracia, que se multiplica una y otra vez y que los predicadores de paraísos imposibles quieren arreglar con discursos. Mientras no busquemos las raíces de tanta violencia personal en los factores profundos de la siquis de nuestros ciudadanos, nos vamos a quedar hablando con el deseo y nunca haciendo nada realmente serio para que estas cosas cambien. Y seguiremos registrando más y más asesinatos de niños por los que lloraremos y nos rasgaremos las vestiduras por un par de horas, mientras una nueva tragedia nos sorprenda.