Editorial

Editorial: ¿USTED NO SABE QUIÉN SOY YO?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)La frase que encabeza esta columna, ya clásica en labios de varios de esos personajes arrogantes que pueblan nuestro zoológico de pobres diablos que se las quieren dar de importantes, es la expresión de uno de los elementos que más daño le hace a todos los seres humanos en su paso por este perro mundo: el ego. Componente psíquico que hace que cada uno de los seres, a pesar de que el planeta está lleno de miles de millones de hombres y mujeres, se crean el centro de la creación.

El problemita no es para nada nuevo o fácil de corregir, y los profundos Lamas del Budismo Tibetano llevan muchos pero muchos decenios tratando de enseñar a los estudiantes seguidores de sus principios filosóficos a tratar de superar esa arrogancia primaria que, como lo registran los más elementales estudios, ha sido el causante a lo largo de la historia desde el origen de simples separaciones maritales, hasta verdaderas guerra mundiales.

Si uno fuera realmente objetivo en el estudio de la tradición universal y el desarrollo de los pueblos desde que existimos como seres racionales, tendríamos que concluir que ésta es el registro de una serie de confrontaciones presuntuosas entre egos individuales y grupales, que cada uno a su manera ha querido imponer su voluntad sobre los otros seres en su entorno, y que mucha veces en su locura no se contentan con el dominio territorial y político sino que igualmente han querido el sometimiento  humillante de los otros seres a su supuesta supremacía personal.

Lo más desconcertante de toda esta manía mental y de comportamiento de los supuestos racionales es la facilidad con la que, disfrazándose de una causa buena, los manipuladores terminan imponiendo el dominio de sus mendaces intereses. Y empezando por todo esa jauría de religiones que prometen la salvación eterna, hasta las ideologías políticas del mundo que dicen ser la solución económica, política y social de sus pueblos pero terminan robándolo y esclavizándolo, muestra la terrible capacidad de mimetización de un ego monstruoso que seria, ese sí, el único demonio multifacético y criminal que destruye la convivencia tranquila de todos los seres del planeta.

No deja de ser irónico que parlamentarios, diputados, concejales, gobernadores y alcaldes, comiencen su carrera política con la promesa estúpida de querer servir el interés del pueblo, para terminar en la posición arrogantes de ambicionar disfrutar de una franquicia para poder violar las normas y las leyes de la sociedad cuando y como le dé la regalada gana. Y que los esquizofrénicos despistados que rondan por ahí como moscas pretendan ser de las familias Gaviria, Santos, Turbay, Uribe o Serpa, es apenas natural cuando uno ve que todos estos apellidos lo han sido no solo de politiqueros de oficio en busca de instaurar supuestas monarquías familiares famélicas, sino igualmente de alucinados que aspiran a tener rangos “de sangre” que les daría la posibilidad de pisotear a los demás nacionales con la mayor y más cínica impunidad.

Pero esta será una película de terror que se seguirá repitiendo una y otra vez en el escenario de este controvertido planeta, sobre todo cuando uno ve que las nuevas generaciones están siendo desesperantemente superficiales y aman con pasión desmedida un poder y un dinero fácil, y no precisamente para hacer la caridad con el prójimo.  El ego seguirá siendo el gran motor de buena parte de la vivencia social de muchos seres sobre este planeta, y entonces tendremos  que continuar disfrutando de los show mediáticos de los bobos arrogantes con dos o tres pesos de más en el bolsillo que pretenderán seguir pisoteando hasta a la respetabilidad de nuestra fuerza pública.