Editorial

Editorial: Y COMENZÓ LA FERIA DE BUCARAMANGA…

wilfredo sierra mPor Wilfredo Sierra Moreno.

Después de una dura confrontación por la cabalgata y el triunfo de los ciudadanos que votaron por el no en una consulta virtual, pero además luego de haber comprobado la ruptura de Cenfer con la Administración Municipal al haber hecho por primera vez una versión de la feria ganadera por fuera de la programación oficial del evento, comienza hoy en serio la Feria de la Ciudad de los Parques, que todos esperamos sea de alegría y satisfacción generales.

El alcalde y su equipo de gobierno se la han jugado para traer los mejores y más atractivos espectáculos para los habitantes de ésta parte del país, y solo resta esperar que el comportamiento cultural de nuestros habitantes esté a la altura de las circunstancias y no nos amarguen, como muchas veces ha pasado, la fiesta.  Y hay que decirlo porque en versiones anteriores de ésta Feria de Bucaramanga la presencia de heridos, detenidos, contusos y muertos, han colocado una nota no siempre enaltecedora  de la forma como nosotros nos comportamos en las fiestas y ferias.

Y aunque resulten odiosas las comparaciones, hay que recordar que en los Carnavales de Barranquilla hay días en que hay hasta un millón de personas compartiendo juntas la parranda y allí, no se presente ni un solo herido, una riña y menos un muerto. ¿Por qué nosotros siempre tenemos que “poner la torta” –como dicen ciertas señoras- cuando se trata de ferias, fiestas y celebraciones colectivas, en las que un curioso morbo dañino se desata haciéndonos quedar tan mal?  Desafortunadamente aquí se fue desarrollando una correspondencia entre ser verraco –una presunción racial que tiene mucho de cuestionable-  con ser agresivo, grosero y atrevido, pretendiendo que podemos imponerle nuestra forma de ser y de pensar a los demás, a las buenas o a las malas,  porque sí.

Particularmente considero que estos días de celebración van a poder medir hasta donde han resultado afectivas las campañas de reeducación cultural en la que se han comprometido  alguna instituciones departamentales,  aunque si de ser serios en la evaluación se trata, hay que entender que estos reacondicionamientos de comportamientos colectivos requieres muchos, pero muchos años. Y no vayamos a creer que lo que pase o deja de pasar en el orden público es culpa del diseño de la programación de la Feria, de la falta de efectividad de la policía o de los transitorios administrados de la ciudad, porque la raíz agresiva y camorrera de nuestra forma de ser viene de largos años de deformación educativa y presunciones vanidosas que solo hacen que muchas de nuestras vanaglorias de grandeza resulten ridículas.

Que los Dioses del Olimpo nos tengan de su mano y que la invitación a una semana de diversión no termine en ser la desgracia para muchas familias de nuestro entorno. Desafortunadamente muchas veces el trago y la música invitan a reacciones instintivas primarias, y cuando no hay una verdadera formación ética y de disciplina personal, de allí es muy fácil pasar la línea de lo tolerable. Que la alegría de unos cuantos no sea la desgracias de otros de nuestros congéneres, porque la verdad esa no es la razón de ser de estas festividades…