Editorial

Editorial: ¿Y DE LA CULTURA CIUDADANA QUÉ?

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WILFREDO SIERRA MORENOPor Wilfredo Sierra Moreno.

Es indudable que la ciudad de Bucaramanga y su área metropolitana están creciendo urbanística y comercialmente de manera vertiginosa y que eso, indudablemente, producirá más trabajo e ingreso a los habitantes de estos entornos, con los consecuentes beneficios en el desarrollo micro y macro de los rendimientos económicos regionales. Pero también es cierto que ser un núcleo de importancia turística para el mundo implica unas responsabilidades sociales y de comportamiento que no se puede obviar alegremente, so pena de matar, impunemente, la gallinita de los huevos de oro.

Lamentablemente la forma de ser del santandereano no es precisamente la más dulce que se diga, y aunque a nadie se le puede obligar a vivir con una risa de oreja a oreja todo el tiempo, cuando se trata de atender al turista, al cliente, al consumidor, la cortesía y la amabilidad tienen un valor especifico en el rendimiento económico de los negocios, y esto está más que comprobado por estudios de mercados en todo el mundo. Y aunque muchas acciones emprendidas por el Sena, la Alcaldía de Bucaramanga y la Gobernación de Santander para formar ciudadanos realmente cívicos y amables han sido importantes, la dimensión de la bastedad de nuestros paisanos hace que se deba insistir una y otra vez en esta dirección, para que toda la inversión en infraestructura, vías y obras de atracción, no se pierde en el primer viaje de un visitante.

Yo sé que muchos de mis amigos se mueren de la piedra cuando digo esto, pero no hay punto de comparación cuando uno entra a un negocio o restaurante manejado por los paisas a cuando lo hace a uno que nuestros buenos inversionistas locales han entregado a la atención de niñas y señores de nuestras tierras.  Posiblemente muchas de estas niñas y caballeros tengan demasiados problemas personales en su casa, pero esto realmente no es algo que precisamente le incumba a un señor de que viene de la costa, de Bogotá, Pereira o Manizales, a dejar su plata y su simpatía por nuestra tierra.  Uno entra a un negocio, de cualquier tipo, a comprar, a dejar su dinero, y lo menos que espera es que lo traten a las patadas.

Otro hecho por el que se sorprenden desagradablemente los visitantes es la agresividad de los conductores en las calles, trátese de automóviles o motocicletas. Y esa verraca manía de vivir pegados del pito histéricamente, como si a punta de ruido se pudiera agilizar como por arte de magia el tránsito de una ciudad que es de por si caótica en este sentido. Como dice el refrán popular, la primera por inocencia y la segunda por sinvergüenza. La idea no es que por primera vez vengan muchas gentes de otras partes del país y del mundo, pero luego, por la forma como los tratamos y atendemos, no quieran volver a saber de nosotros.  Y es que algo va de Pablo a Pedro cuando se trata de ser en verdad una ciudad cosmopolita en el tratamiento de sus turistas.  Turistas que generan plata, grandes ingresos, trabajo, desarrollo general, pero que podemos no aprovechar adecuadamente cuando no estamos preparados suficientemente para cumplir a cabalidad el rol que nos corresponde.

Tocará pedirles al Sena, a la Alcaldía de Bucaramanga y a la Gobernación de Santander que nos sigan ayudando en los esfuerzos en este sentido. Y ojala los gremios también se metieran la mano al bolsillo en esto de formar al ciudadano en cultura ciudadana, y no solo se conviertan en francotiradores de todo lo que se intenta hacer entre nosotros. Algunas instituciones gremiales parecen maquinitas de recibir plata y más plata a través de mecanismos de presión no muy sanos dicho sea de paso, pero uno no ve que tan aristocráticas empresas rindan un informe a la ciudadanía de en lo que destinan tanto milloncito que entra al año en sus arcas. Entendemos que algunos miembros gremiales tengan veleidades de estadistas, pero no deberían olvidar que sus instituciones no se pueden convertir en una nueva forma de partidos políticos.  Pensamos que en sus cajas fuertes y en bancos hay suficiente billete como para tratar de ayudar a formar a estos nuestros ciudadanos en estos de ser buenos ciudadanos, cultos y educados, para atender a nuestros turistas… Por el bien de todos.