Editorial

Editorial: Y OTRA VEZ NOS QUEDAMOS INCOMUNICADOS…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

DON CLIMACO 1 (1) bbCiertamente la efectividad de la estructura vial de una zona determinada está dada cuando bajo cualquier circunstancia, lluvia o sequía, frio o calor, ésta se mantiene inamovible, conservando la circulación entre las ciudades y zonas que comunica y nunca se ve sometida a los vaivenes del medio ambiente. Desafortunadamente eso no es lo que sucede en nuestro querido departamento de Santander, en donde ante la presencia de la más mínima lluvia, quedamos aislados con casi todo el país.

Por estos días de invierno ya la vía a Barrancabermeja ha colapsado y se presentan problemas en el tramo para ir al municipio de Málaga Pero posiblemente muy pronto estará en dificultades la comunicación de Bucaramanga con Cúcuta y con la Costa Atlántica, y mientras nos hablan de un futuro en materia de comunicación que envidiaran las sociedades más adelantadas del planeta, nuestro presente es bien triste en materia de carreteras,  pareciendo que aun viviéramos en la época del feudalismo, cuando las posibilidades de transitabilidad se debía más a las supuestas rogativas mágicas de los curas frente al cielo, que a consideraciones de ingeniera  y prevención estructural en materia de suelos.

Digamos, acudiendo a una reflexión muy budista, que nuestra presente obedece a los descuidos e irresponsabilidades de nuestro pasado, y que nuestro futuro dependerá de lo muy importante que hoy estamos haciendo en materia de tramos y vías modernas puestas a contratar entre el gobierno nacional y el departamental. Pero mientras tanto, hoy por hoy, lo que priman son los efectos de lo que ayer dejamos de hacer, y en pleno siglo XXI estamos en metería de carreteras y utilización efectiva de ellas como si para nosotros la modernidad nunca hubiera llegado.

Por supuesto los problemas estructurales del diseño urbanístico de nuestros pueblo no se limita solo a las carreteras, ya que igualmente las fuertes lluvias ponen en entredicho la eficiencia de nuestro alcantarillado, en el que tanta plata algunas empresas oficiales han gastado, pero que a la hora de las lluvias no resisten la prueba que la eficacia demandaría. Y entonces la dimensión de las precipitaciones sobrepasan la capacidad de receptividad de canales y alcantarillas, y nuestras calles se llenan de agua corriendo libremente y haciendo daño a ciudadanos y vehículos. ¿No disque son tan eficientes y han merecido muchas condecoraciones en efectividad? Eso señores, es pura ficción.

En cuanto a inundaciones de casas y caída de residencias de las gentes humildes, es fruto de la misma improvisación e irresponsabilidad con la que en el pasado permitimos la construcción de unidades residenciales cuando no se podía hacer en las zonas proyectadas, pero que la urgencia pueril de un par de votos logro la consecución de licencias espurreas que hoy, ante el número de los afectados, vemos lo insensatas que fueron.  Pero qué le vamos a hacer, esa es la realidad de nuestra deslumbrante democracia, en donde gracias a contratos leoninos unos cuantos se llenan de plata y los más pendejos ponen los muertos, los afectados por la destrucción de sus casas y la pérdida total de sus bienes, sin que a la final nada pase. Eso sí, la asociación de ingenieros de nuestro entorno de cuando en cuando se condecoran unos a otros, se llenan los pechos de medallones mal ganados, y nos echan demagógicos discursos diciéndonos que ellos son de una clase superior, deslumbrantes genios sustentadores del urbanismo de una ciudad que, poco a poco, se cae a pedazos. ¿Se le puede pedir algo más y mejor a la vida?