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EL NUEVO LÍDER DE LOS JESUITAS SE PERFILA COMO MEDIADOR EN LA CRISIS DE VENEZUELA

Por primera vez en casi 500 años el hombre que regirá los destinos de la Compañía de Jesús es un latinoamericano: Arturo Sosa Abascal, de 64 años. Credit Andreas Solaro/Agence France-Presse – Getty Images

Por ALBINSON LINARES 24 de octubre de 2016 http://www.nytimes.com/es  El pasado 14 de octubre, 212 jesuitas se reunieron en la Iglesia del Gesù, en Roma, para escoger a su nuevo líder y según cuenta en un artículo el religioso italiano Antonio Spadaro, al ver que su elección era inminente, el venezolano Arturo Sosa musitó en tono jocoso: “Si hay que comerse la gallina, no queda más que poner a hervir el agua”.

Spadaro fue su “compañero de pupitre” durante la congregación y llevaba una libreta con la frase de san Ignacio de Loyola, fundador de la orden, que reza: “Vayan y enciendan todo con fuego”. Al verla, Sosa exclamó: “Sí, pero hoy el mundo ya está en llamas, desgraciadamente en otro sentido”. Por primera vez en casi 500 años el hombre que regirá los destinos de la Compañía de Jesús es un latinoamericano: Arturo Sosa Abascal, de 64 años.

Aunque no está vinculada de manera directa, la elección de Sosa se produjo casi al mismo tiempo que el anuncio de Baltazar Porras como próximo cardenal de Venezuela —uno de los grandes críticos del actual gobierno de Venezuela— lo que demuestra el carácter político del pontificado del papa Francisco. Sosa posee una brillante trayectoria académica en la que ha cursado estudios de teología, filosofía y ciencias políticas, además de ocupar importantes cargos en diversos centros educativos como el Centro para Estudios de América Latina de la Universidad de Georgetown y la Universidad Central de Venezuela. Sin embargo, su gran pasión intelectual —a la que le ha dedicado más de una decena de libros— es la reflexión sobre la historia política de Venezuela.

Por eso no es de extrañar que durante su primer encuentro con los medios el 18 de octubre, al ser interrogado por la crisis política de su país, Sosa dictara en solo tres minutos un análisis profundo partiendo de la premisa de que “no se entiende lo que pasa en Venezuela si no se recuerda que es un país que vive de la renta petrolera” y pasó a explicar que la administración exclusiva de esos recursos por parte del Estado es una de las condiciones que imposibilita la formación de una sociedad democrática normal donde “el Estado está subordinado a los ciudadanos”.

Sosa también dijo que el proyecto político iniciado por Hugo Chávez “no se sostiene en sí mismo, ni económica ni política ni ideológicamente en una propuesta novedosa”. Pero no se reservó sus críticas a la oposición venezolana al afirmar: “Tampoco tienen un proyecto que permita pensar en un futuro no rentista, que es la única manera de poder salir, en el largo plazo, de la situación venezolana”.

Sosa posee una brillante trayectoria académica. Sin embargo, su gran pasión intelectual, a la que le ha dedicado más de una decena de libros de su autoría, es la reflexión sobre la historia política de Venezuela. Credit Max Rossi/Reuters

Esa naturaleza crítica y reflexiva es una de sus características como hombre de gobierno, asevera Wilfredo González, vicerrector de la Universidad Católica del Táchira y uno de los más cercanos colaboradores de Sosa mientras fue el rector de esa casa de estudios. “Él dirigió la universidad durante uno de sus periodos más duros en 2014. Había barricadas por toda la ciudad y protestas terribles, pero el padre Sosa siempre abogó por continuar el año académico y cuidar a los alumnos”, explica González.

Mientras San Cristóbal, la capital de Táchira, ardía por las protestas contra la inseguridad y la escasez de alimentos, Sosa criticaba la represión ejercida por el gobierno y también a los quienes protestaban por la violencia desatada durante los primeros meses de 2014.

“Él no ofreció declaraciones intempestivas ni apoyó gratuitamente a ningún grupo, fue impecable desde el punto de vista político. Sin embargo, le causó mucho dolor verse incomprendido y criticado por ambos bandos que no levantaron la mirada para centrarse en lo verdaderamente importante que era la convivencia”, recuerda González.

Arturo Marcelino Sosa Abascal nació en Caracas, el 12 noviembre de 1948, en el seno de una familia pudiente con estrechas relaciones al gremio empresarial y político venezolano. Su padre, Arturo Sosa Fernández, ocupó posiciones directivas en diversos grupos industriales del país y formó parte de la Junta de Gobierno que derrocó al dictador militar Marcos Pérez Jiménez en 1958. Además fue ministro de Hacienda en dos ocasiones: durante unos meses en 1958, luego de la caída de la dictadura, y durante el gobierno de Luis Herrera Campins en los años ochenta.

“Arturo es un personaje de una gran riqueza espiritual y mucha profundidad intelectual. Además heredó un gran capital social por las relaciones familiares de su padre y las suyas propias”, explica Jesús María Aguirre, sacerdote jesuita que trabajó a su lado durante más de 17 años en el Centro Gumilla, una organización de investigación y acción social de esa congregación en Venezuela.

Aguirre recuerda un momento que consagró el prestigio político de Sosa: “Luego del golpe de Estado de 1992 se decidió trasladar a Hugo Chávez y sus compañeros del Cuartel San Carlos a Yare pero se temía que los asesinaran. Entonces Chávez pidió la mediación de la Iglesia católica y el gran operador político de todo eso fue Sosa, quien ayudó a que no hubiese conflictos en el traslado”.

Sosa asume como superior general de la Compañía de Jesús en un momento crucial para esa congregación religiosa, fundada en 1540 por san Ignacio de Loyola y aprobada por el papa Paulo III. En este cargo vitalicio el “papa negro”, como se le conoce a los superiores de la orden debido a su enorme influencia en los asuntos de la Iglesia, deberá enfrentar la notable disminución de los miembros de su congregación.

Los jesuitas tienen presencia en 121 países y comenzaron el siglo XXI con cerca de 20.000 miembros, lo que los convierte en una de las órdenes más importantes del catolicismo. Sin embargo, en una investigación publicada en enero de 2013, el total de jesuitas era de 17.287, lo que plantea una considerable reducción. “No hay ninguna duda acerca de la necesidad de aumentar nuestra oración y nuestro trabajo por las vocaciones a la Compañía y de continuar con el complejo empeño de ofrecerles una formación que haga de ellos verdaderos jesuitas”, aseveró Sosa en su primera homilía.

Sin embargo, el gran político que lleva debajo de la sotana se hizo presente cuando advirtió sobre las “trampas del lenguaje” y los peligros de que su orden se vea minimizada al colaborar con otras instancias: “Queremos aumentar la colaboración, no solo buscar a otros para que colaboren con nosotros, con nuestras obras, porque no queremos perder el prestigio de la posición de quien tiene la última palabra”.