Editorial

EL PELIGROSÍSIMO FUNDAMENTALISMO CRISTIANO…

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POR Wilfredo Sierra Moreno.

11aaa wilfredo sierraDesde que la religión dio inicio en la cultura humana siempre estuvo y ha estado ligado a la política y el poder, y solo quienes no han estudiado la historia universal se pueden tragar el cuento de los altos intereses altruista de los pregoneros de los dioses de todos los pelambre. Pero para suscribirnos al judeocristianismo en el cual funden sus raíces la mayoría de nuestras religiones occidentales, hay que decir que desde el mismo nacimiento  de las denominadas 12 tribus de Israel, el dios que adoraban estaba indeleblemente ligado a la capacidad que tenía ese ser supuestamente trascendental para responder decididamente agresivo para dar a sus seguidores las victorias en la guerra.

En una materia que se estudia en Teología y que se llama Prehistoria de Israel, queda meridianamente claro que cada una de esas tribus –que eran realmente unos bárbaros nómadas- tenía su propio dios, y que la eficacia de su verraquera estaba determinada por la capacidad que tenía ese ser superior para ganar batallas, terrenos y ganados a las otros 11 núcleos de lo que después los teorizantes llamarían románticamente Tribus de Israel. La imposición de la creencia en un solo creador y dominador de la existencia solo fue el fruto de un largo y violentísimo adoctrinamiento de una época que en razón a la síntesis los traductores y acomodadores de las leyendas del antiguo testamento adjudicaron a Moisés, pero que en verdad fue el fruto de una larga cadena de dictadores que pudieron imponer, a sangre y fuego, el dogma del único dios que, desde luego, correspondía a los intereses políticos y de dominio de los guerreros de esa época.

El tema de las cruces se hizo famosa por las épocas de la dominación del Imperio Romano sobre el territorio judío, porque fue la forma que tenían los dominadores de condenar a muerte  a las huestes judías que luchaban con pasión sin igual contra el yugo romano. Que el tal Jesús de la leyenda cristiana  murió por ese medio en los primeros años de la nueva forma de contar los años, es una leyenda tardía que surgió hacia el año 400 de nuestra era, por el tiempo de los Concilios. Los cristianos de esas lejanas épocas que, en rigor histórico nada tenían de parecido en las creencias con los de ahora, siguieron dando guerra en esos primeros años de la nueva era, y fue Constantino, un emperador habilidosamente político, quien en una jugada interesada convirtió a los cristianos de entonces en parte de las religiones del Imperio Romano. Puro calculo profano.

Pero en la edad media los católicos de entonces pelaron el cobre en cuanto a la verdadera esencia de sus supuestas intenciones espirituales, y mediante lo que llamaron cínicamente Santa Inquisición, mataron miles de miles de seres que no se sometían a los estúpidos postulados de su religión, y a su vez se volvieron los dueños del poder mundial, poniendo y quitando reyes bajo la batuta de los papas de entonces que eran unos verdaderos dueños de las vidas y las propiedades de los territorios que llegaron a dominar.

El surgimiento de Protestantismo, fruto de las pataletas de Lutero, más que una simple reacción frente a la corrupción de la iglesia que vendía dispensas multimillonarias para entrar al cielo, estaba signado por la lucha de ciertos monasterios para mantener influencias bajo determinados territorios. Pero claro, los proveedores de historias rosa todo lo colorearon con versiones románticas, lo que no dejo de ser óbice para que los protestantes, los luteranos y los anglicanos ejerciera su propia violencia contra quienes se resistían a creer en sus dogmas particulares e interesados.  Y en tiempos recientes no hay que olvidar las sangrientas reyertas en Irlanda entre Católicos y Protestante y no precisamente por motivos celestiales.

A uno le da grima ver a tanta gentecita ingenua en pleno Siglo XXI tragándose los cuentos de supuestas espiritualidad de las nuevas trasnacionales de la religión, y creyendo, estúpidamente, que el diezmo que entrega en la misa o en el culto van directamente para el tal dios de sus pastores. Pero siempre el vivo ha vivido del bobo, y mientras existan caídos del zarzo que entreguen sus propiedades e ingresos a los representantes de ese ser superior tramposo y explotador, habrá sucios traficantes que levantaran grandes imperios no solo económicos….

Y no solo económicos, porque la ambición que rompe el saco, ha hecho que las diferentes sectas protestantes que llenan sus arcas con miles de millones de pesos y dólares, entiendan que si llegan a los concejos municipales, a las asambleas departamentales, a las personerías, alcaldías y gobernaciones, van a tener factores de poder para expandir lo que para ellos es claramente una dominación ideológico – política, que pretende imponerle a esta nación sus majaderas creencias. Claro tienen una excusa bien estúpida pero que muchos se comen  y es que, como los fundamentalistas musulmanes, dicen hablar en nombre de dios…  ¡Para creerles!

Hasta ahora los vivos políticos cristianos entre nosotros han sido relativamente sutiles en su trabajo de zapa para apoderarse del poder municipal, departamental y nacional, pero por estos días ha salido una diputada cristiana que con más agallas que todos los demás ha resuelto desafiar al mismo establecimiento nacional, insultar a la Ministra de Educación, expresar que ella es depositaria de la moral con la que se debe manejar la educación de este país, y oh insensatez de insensateces, incitar a las gentes de bien a las calles para hacer marchas apasionadas para imponerle al resto de la sociedad como se deban hacer las cosas en este país.  Por lo menos pelo el cobre y mostró de frente hasta donde llega su paranoia. Pero debería tener cuidado porque debe saber que, según creo dicen las escrituras de las que ella se dice ser exponente, la violencia incita a la violencia. Porque, creo que también dice uno de los postulados de esos libros de los que dice ser exponentes, “el que siembra violencia cosecha tempestades”.

Pero bueno, por lo menos esta señora se quitó la máscara hipócrita de santidad y no disimula sus intenciones, y se puso la del dios iracundo y rabioso que no respeta leyes ni límites. Pero es que así  han sido las religiones y sus representantes a lo largo de la historia universal de los hombres. Por lo que no estaría mal terminar estas líneas con unos párrafos de su misma sopa: “Fariseos hipócritas, blancos y resplandecientes por fuera, pero por dentro llenos de podredumbre de muerte”.