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EL PROBLEMA CON LA INFLUENCIA DE FACEBOOK Y SUS BURBUJAS DE INFORMACIÓN

Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Facebook, dice: “Es una idea muy descabellada” que “las noticias falsas que se encuentran en Facebook hayan influido de algún modo en las elecciones”. Credit Eric Risberg/Associated Press

Por ZEYNEP TUFEKCI 23 de noviembre de 2016. http://www.nytimes.com/es  CHAPEL HILL, Carolina del Norte — Los simpatizantes de Donald Trump probablemente se alegraron mucho en septiembre cuando el candidato recibió el respaldo del papa Francisco, según un artículo que se compartió cerca de un millón de veces en Facebook. Las opiniones negativas de estos sobre Hillary Clinton tal vez se acrecentaron después de leer un artículo del Denver Guardian, que también se difundió ampliamente en Facebook, en el cual se señalaba que días antes de la elección se había encontrado muerto, en un aparente homicidio-suicidio, a un agente del FBI sospechoso de haber filtrado los correos electrónicos de Clinton.

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Pero hay un problema con estos artículos: son completamente falsos. El papa nunca respaldó a nadie. El Denver Guardian no existe. Sin embargo, gracias a Facebook, es probable que millones de personas hayan leído ambos artículos. A pesar de que también circularon correcciones en la red social, en comparación con el alcance de las mentiras originales aquellas apenas fueron registradas.

Esto no es una anomalía: el año pasado me encontré con miles de estas historias falsas en las redes sociales, así como lo hicieron los votantes estadounidenses, 44 por ciento de los cuales utiliza Facebook para obtener noticias. Mark Zuckerberg, el director y creador de Facebook, dice que es “una idea muy descabellada” que “las noticias falsas que se encuentran en Facebook —las cuales representan una cantidad muy pequeña de contenido— hayan influido de algún modo en las elecciones”. Si Zuckerberg cree ciegamente que su empresa tiene poco efecto en cómo decide la gente, está haciendo un daño a la democracia estadounidense y al mundo.

También está contradiciendo las propias investigaciones de Facebook.

En 2010, unos investigadores que trabajaban con Facebook llevaron a cabo un experimento con 61 millones de usuarios en Estados Unidos, justo antes de las elecciones para el congreso y gobernadores. A un grupo se le mostraba un mensaje dentro de una caja que solo decía “ve a votar”, mientras que otro grupo vio el mismo mensaje con una pequeña incorporación: fotos miniatura de sus amigos de Facebook que habían dado clic en “yo voté”. Los investigadores concluyeron que la segunda publicación había ayudado a que cientos de miles de personas salieran a votar; lo comprobaron usando el padrón para comparar los grupos después de las elecciones.

En 2012, los investigadores de Facebook alteraron en secreto el suministro de noticias para realizar un experimento: mostraron publicaciones positivas a algunas personas, mientras que a otras les mostraron negativas. Los que vieron publicaciones más optimistas difundieron a su vez significativamente más del mismo tipo; los que vieron publicaciones pesimistas respondieron de la misma manera, pero con este tipo de publicaciones. Las investigaciones que se han llevado a cabo durante décadas coinciden en que la gente recibe la influencia de sus pares y las redes sociales.

Si se toma en cuenta todo lo anterior, se vuelve absurda la declaración de Zuckerberg al respecto de que Facebook, un gran conducto de información en nuestra sociedad, “no influye”.

El problema con la influencia de Facebook en el discurso político no se limita a la diseminación de noticias falsas. También tiene que ver con las cámaras de resonancia. El algoritmo de la empresa escoge cuáles actualizaciones aparecen en la parte superior del servicio de noticias del usuario y cuáles no lo hacen. Los humanos tendemos a agruparnos con gente que piensa como nosotros y buscamos noticias que confirmen nuestras inclinaciones. La investigación de Facebook muestra que el algoritmo de la empresa fomenta esto priorizando de algún modo las actualizaciones que los usuarios encuentran reconfortantes.

He sido testigo de esto. Aunque muchos de mis amigos de Facebook en Estados Unidos se inclinan hacia los demócratas, sí tengo amigos que votaron por Trump. Sin embargo, tuve que irme de cacería para ver sus publicaciones porque el algoritmo de Facebook nunca me las enseñaba; por la razón que sea, el algoritmo supuso de manera errónea que no me interesaban sus opiniones. El contenido que se dirige hacia estas burbujas alimentadas de algoritmos es provechoso financieramente. Por eso YouTube tiene una característica similar en la que recomienda videos con base en lo que ya vio el visitante.

Según un reportaje de BuzzFeed News, un grupo de jóvenes en un pueblo de Macedonia operan más de cien sitios web a favor de Trump llenos de noticias falsas. Por ejemplo, el artículo que inventaron, en el cual citan que fuentes anónimas del FBI señalan que Clinton debiera ser procesada, se compartió más de 140.000 veces en Facebook y probablemente lo vieron millones de personas, ya que cada vez que algo se comparte lo ven potencialmente cientos de usuarios. Aun si cada vista generara solo una fracción de centavo, sigue siendo mucho dinero.

Por supuesto, las noticias falsas por sí solas no explican el resultado de las elecciones. La gente vota como vota por varias razones, pero su dieta informativa es crucial.

Después de las elecciones, Zuckerberg señaló que las noticias falsas eran un problema para “los dos lados” de la contienda. Evidentemente, hay memes virales falsos en contra de Trump, pero los reporteros han encontrado que la difusión de noticias falsas es mucho más común por parte de la derecha que de la izquierda. Los jóvenes macedonios también se toparon con lo mismo. Habían experimentado con contenido con inclinación hacia la izquierda o a favor de Bernie Sanders, pero se dieron por vencidos cuando se percataron de que no era una fuente tan confiable de ingresos como el contenido a favor de Trump. Sin embargo, incluso si Zuckerberg tuviera razón y las noticias falsas fueran igualmente populares en ambos bandos, aún seguiría siendo un problema.

Solamente Facebook tiene los datos que podrían revelar cómo se difunden noticias falsas, qué tantas hay, quién crea este contenido, quién lo lee y cuánto puede influir. Por desgracia, Facebook ejerce un control total sobre el acceso a estos datos por parte de investigadores independientes. Es como si las tabacaleras controlaran el acceso a todos los registros médicos y de hospitales.