Editorial

¿EL QUE BUSCA ENCUENTRA?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mA mí cuando mis más cercanos amigos se me acercan a increparme por mi escepticismo frente a un verdadero camino hacia la paz en esta país, les explico que mis dudas se originan en la forma de ser del 95% de nosotros los colombianos, que somos camorristas, odiamos hasta el deseo de la muerte, o no aceptamos ninguna razón que no sea la nuestra. Y que como se ve en las tiendas de los barrios de nuestras ciudades los fines de semana– tiendas que en esos días se convierten en verdaderas cantinas – luego de un par de cervezas somos capaces de matarnos por la más mínima excusa a puñaladas o a tiros.

Creo que es importante, como no, hacer con las FARC un acuerdo de paz, grupo armado que solo ocasiona el 17% de la violencia que se registra a diario en este país, pero igualmente considero  que si no desarrollamos algo serio por eliminar ese veneno de agresividad e intolerancia que corre por nuestra venas, muy difícil va a ser impedir que mañana, por cualquier motivo y excusa, nos veamos avocados a otras institución subversivas de esas que dicen que van a hacer la justicia social que este país no ha tenido en los últimos 100 años. Ahora bien, sintomático me ha parecido que uno de los adalides junto con el Presidente Santos de la paz con las FARC,  Horacio Serpa Uribe, haya venido a estas tierras de provincia a dar muestras de una arrogancia intolerante que me sorprende, cuando en defensa de los concejales de su partido que han sido duramente cuestionados por alcalde electo de Bucaramanga, termina advirtiendo al ingeniero Rodolfo Hernández que “el que busca encuentra”.

Aunque no he sido precisamente un militante de las toldas rojas en los últimos tiempos, mi vieja amistad con el doctor Serpa me impulsa a pedirle muy respetuosamente al jefe cachiporro que nos explique, en plata blanca, a que se quiso referir con eso de que “el que busca encuentra”. Porque si bien es cierto el doctor Rodolfo Hernández no es precisamente un dechado de aguas mansas y su verbo y acusaciones son ardientes como la llama irrefrenable, también lo es que al enfrentar a los concejales de la ciudad, no lo está haciendo frente a unos exponentes de la paz universal que predicara, entre otros, Francisco de Asis. Y es que ese precisamente es el problema: que si vamos de jefes nacionales, Presidente y ex Presidentes, Ministros, jefes de los partidos tradicionales hasta gobernadores, alcaldes, diputados, concejales, burocracia de las oficinas públicas y ciudadanos comunes y corrientes, todos tenemos un tufillo altanero, desafiante,  intimidador, amedrentador e hijuemadre, que no hace precisamente creer que justamente esta nación esté en busca de la paz.

Nada hay más nocivo en la vida que un buen consejo seguido de un mal ejemplo, porque tal actitud deslegitima, de plano, cualquier efectividad de la proposición reformadora que formulamos. Y en eso, desafortunadamente, los colombianos, a todos los niveles, somos unos descarados campeones que pareciéramos no tener cambio presente o futuro.  Hablar de honradez cuando desde los pomposos Magistrados de la Republica se hacen picardías a diario, o de ética cuando Representantes, Senadores, Diputados y Concejales compran en unas elecciones sucias sus curules, es cuando menos indignante.  Y esa es una de las razones por la que muchos sectores nacionales no creemos en algunos procesos de reconciliación y cambio que los grandes dirigentes divulgan, con bombos y platillos, a través de los medios de comunicación.

Que las disputas políticas, nacionales y regionales, incitan el ánimo y “sacan la piedra” como dice el muñeco del humorista Dominio, es cierto, pero un mínimo de sindéresis se demanda, sobre todo de los dirigentes nacionales que dicen ser “los Padres de la Patria”. Porque con padres así es muy difícil crear una descendencia educada, culta y pacífica. La paz, si, muy bonito. ¿Pero nosotros, cada uno de los nacionales a todos los niveles, somos pacíficos? O simples botafuegos que a cada instante vamos generando incendios a nuestro paso. A mí, particularmente, algunas empresas grandilocuentes que se venden por ahí como la gran salvación nacional, no me convencen. Para hacer la paz necesitamos ciudadanos y dirigentes pacíficos y nosotros no los somos. ¡No nos digamos mentiras carajo!