Editorial

EL TORTUOSO CAMINO DE LA PAZ…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

IMG_20160507_161718Seguramente ninguna jugada le ha constado más dolores de cabeza al habilidoso jugador de póker que es el Presidente Santos que la de la paz. Primero porque le valió la ruptura de relaciones con su jefe de los 8 años anteriores, el expresidente Uribe, por lo difícil que ha sido negociar con unos tahúres mañosos y recursivos como los señores de las FARC, pero sobre todo por lo que le ha significado en pérdida real de su imagen frente al país, que hoy lo tiene con unos de los índices más bajos de aceptabilidad de la opinión nacional de todos los Presidente de la historia de Colombia.

Ahora cuando las cosas parecieran llegar a su fin en la Habana –acordémonos de que nada está acordado hasta que todo este acordado – el curioso convenio del blindaje jurídico de los pactos de Cuba ha armado un escandala de los mil demonios, que le ha llevado no solo al maniático de la pelea, señor Uribe, al Procurador General y todos los sectores de derecha del país, sino igualmente a varios importantes y connotados juristas colombianos, a decir que este es un porrazo de mano contra la democracia, algo así como un golpe de estado elegante, opinión que comparten los más histéricos críticos de todo lo que tiene que ver con la paz.

En un país de “santanderistas” redomados, pegados del más mínimo resquicio de redacción para armar el escándalo, el zafarrancho no es de extrañar, sobre todo cuando se trata de enemigos de cualquier acción del actual gobierno que no están dispuestos a concederle ninguna razón al  Presidente Santos. Y aunque ciertamente el recurso del “blindaje” no deja de ser audaz, por decir lo menos, cuando uno mira la otra cara de la moneda, ve las razones de la preocupación porque lo que se ha gastado tanto tiempo en acordar, pueda ser echado para atrás por un nuevo gobierno que está a poco menos de dos años de llegar.

Sobre todo cuando uno aplica la infalible máxima que nos han enseñado a los periodistas de “piensa mal y acertaras”, y ve que como lo sugieren con suspicacia algunos sectores políticos, todo estaría montándose para que el próximo Presidente de los colombianos sea Germán Vargas Lleras. Vargas Lleras, no se debe olvidar, se formó en las ardientes canteras del uribismo, y si bien por cálculo político se retiró de las huestes del hoy expresidente a raíz de su reelección presidencial, no ha dejado de ser uno de esos típicos liberales de derecha que no se ha comprometido para nada con el proceso de paz del actual gobierno, y del cual se puede esperar una mano tan dura contra la guerrilla o la izquierda insurgente,  como la de Uribe.

Ahora bien, los temores de los sectores armados guerrilleros contra lo que ellos llaman paramilitarismo y que la literatura oficial hoy nombra con etiquetas más sofisticadas, no dejan de tener su razón de ser,en particular cuando por encima de lo que oficiosamente se quiera decir, el estado colombiano no tiene dominio armado de todo el territorio nacional. Lo que quedo palmariamente demostrado cuando una de las facciones delincuenciales nacionales logro hacer un paro armado en un amplio sector del suelo nacional, sin que las fuerzas del ejército y la policía nacional pudieran controlarlo. ¿Quién garantiza que esas fuerzas, alimentadas por fuerte sectores de la extrema derecha que efectivamente existen en este país, no se dediquen a exterminar  los ex guerrilleros de las FARC, una vez estos desarmados? Lo que paso con la militancia de la Unión Patriota está muy reciente en la historia colombiana, como para olvidarlo…

Todo lo anterior me lleva a reiterar mi poco romántica tesis de que firmar papeles, así sea con fuerza de ley, no garantiza, en nuestro país, que tan bonitas declaraciones de intención se vayan a cumplir. ¿No es nuestra Constitución Nacional, en su letra, una de las más perfectas y hermosas del mundo? ¿Pero cuanto de ese espíritu escrito realmente se viva en la práctica dentro de nuestras instituciones y para el bien de los ciudadanos? Aquí sí que es cierto que del dicho al hecho hay mucho trecho. Sobre todo cuando en esta discusión sobre la supuesta paz en Colombia hay tanta violencia verbal de parte y parte de los protagonistas de la discusión. Y es que por lo que se oye de los diferentes sectores políticos nacionales en estas querellas, más pareciera que estamos envenenando el ambiente para una nueva guerra,  que preparándonos para la teórica paz.

Esperemos a ver que nos ofrecerá en el futuro de esta variopinta y folclórica república, en donde casi desde su constitución como tal desde la independencia, siempre que se dice blanco es negro, y siempre que se dice negro es blanco. Y después dicen que en ésta nación todos estamos locos…