Editorial

ENERGÍA Y AGUA, DOS GRANDES NEGOCIOS…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-siEn el día de ayer con justificada razón el Defensor Nacional del Pueblo levanto su airada voz de protesta frente a lo que, dijo, se volvió costumbre en cuanto a trasladar los costos de los malos momentos del sector energético y de aguas a los usuarios y, nos recordó, no sin cierta sorpresa para algunos, como hay un previo pago en la factura mensual de la luz de un concepto denominado “cargo de confiabilidad”, que según el criterios de expertos en la materia, ya tendría cubierta la contingencia del fenómeno de El Niño.

Pero en este país la desinformación ha servido para justificar las políticas arbitrarias de los grandes pulpos económicos de la nación –y el sector eléctrico y de agua lo son- que aplican la vieja máxima de los explotadores de todos los tiempos de “con cara gano yo, pero con sello pierde usted”. Teoría que vimos perfectamente aplicada cuando en años recientes una crisis del sector bancario sirvió para que a todos los colombianos nos pusieran a contribuir con los pobres viejecitos del sector financiero nacional, que por supuesto, cuando reportan multimillonarias utilidades en sus balances anuales de operaciones, no se les pasa por la cabeza, ni por equivocación, repartir algo de sus muchos millones de ganancias a los sectores populares de la nación.

Y que bueno sería que ahora que a este preocupado gobierno acaramelado por la paz  le da por meterle la mano al bolsillo a los más pendejos de esta país con la excusa de la temporada de verano que estamos pasando, averiguáramos, en serio, cuantos miles de millones les ha reportado a los dueños del negocio -¿quiénes son?- el manejo del sector energético en los últimos 20 años, y justamente, como no, quienes son los que llenan insaciablemente sus billeteras detrás de un manejo manipulado del mote “servicio público”.

Agua y luz son moneda de una misma cara, y a uno no deja de darle cierto escozor ver como los directivos de muchas de esas empresas han convertido sus oficinas y despachos en un dechado del más absurdo lujo y arrogancia, boato y desenfreno que se tiene que pagar con los esfuerzos en la factura del agua o de la luz de las pobres madres cabeza de familia, vendedores ambulantes, obreros rasos y trabajadores comunes y corrientes por los que, dichos sea de paso, algunos aristocráticos ejecutivos de estas compañías sienten un profundo desprecio. Darse vida de reyes con la plática de todos los contribuyentes, pero sobre todo de los más pobres, no les produce ninguna reato de conciencia a estos reyezuelos de pacotilla, que han convertido las empresas de servicios públicos sustanciales en búnkeres inaccesibles a ningún mortal común y corriente, y ya ni siquiera a la prensa son exequibles esas instalaciones en las que se gasta a manos llenas.

Ahora bien, teniendo como tiene el gobierno una oficina de Planeación Nacional y debiendo contar con expertos en perspectiva que deben prever con mucho tiempo de anticipación que va a suceder con el tiempo, los ríos, las siembras, los mercados de mercancías pero también los financieros, ¿cómo no se diseñaron estrategias serias para no llegar al momento crucial con la alharaca de que la única forma de solucionar la coyuntura es incrementando desaforadamente los precios de los servicios de energía y agua? Lo otro grave de todo esto es que  ni el gobierno ni las empresas del sector energético y de agua quieren entregar informes ciertos de lo que se van a meter al bolsillo por los sobrecostos abusivos a los que echan mano, y mucho menos trazar planes a largo plazo para que frente a este tipo de fenómenos naturales, que se van a seguir repitiendo en el tiempo, no nos cojan otra vez con los calzones abajo.  Pero es que aquí todo es improvisación y golpes de manos, sin que los esquilmadores quieran dar una sola razón de cómo se van a engullir el nuevo pastel financiero…