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ESTUDIANTES DEL COLEGIO DÁMASO ZAPATA VISITAN LA CÁRCEL MODELO.

carcel1“Si nos hubieran traído a nosotros a tiempo a ver lo que era un cárcel y conocer los errores de los demás, tal vez no estaríamos acá”, esas son las palabras con la que se dirigió un recluso, a los 55 estudiantes del colegio Tecnológico Dámaso Zapata, que visitaron hoy la cárcel Modelo de Bucaramanga. Los estudiantes del instituto técnico, visitaron el centro de reclusión, para dar inicio al programa del INPEC, “delinquir no paga”, que apoyado por la Personería municipal, busca reducir los índices de delincuencia en la ciudad, previniendo a jóvenes para no entrar a la vida delictiva.

La primera de tres visitas programadas, se llevó a cabo hoy con estudiantes seleccionados previamente por docentes y directivos de la institución, que llegaron al centro penitenciario a las 7:30 de la mañana para encontrarse con la realidad de estar privados de la libertad para encontrarse con la realidad de estar privados de la libertad y evidenciar la precaria situación de los reclusos. Los menores visitaron el patio 2, 4 y 5 y algunos de ellos, el pabellón de aislamiento, en donde se encuentran los reclusos que no pueden vivir en comunidad, teniendo así la oportunidad de conocer las instalaciones y evidenciar el lamentable estado de hacinamiento de una cárcel diseñada para 900 personas, pero que alberga a 4 mil.

En cada uno de los pabellones, los estudiantes del tecnológico, escucharon testimonios de reclusos, pero finalizaron su visita entrando a la “Comunidad Terapéutica Nuevos Horizontes”, que es un patio en el que viven 100 reclusos que interesados en desintoxicar su cuerpo de las drogas y huir de una historia de delitos, tienen actividades distintas a las que ofrecen los demás patios. Hacen ejercicio durante el día, reflexiones, oración y realizan obras de teatro, coreografías y son ilustrados en producción audiovisual. Los reclusos todos uniformados recibieron a los estudiantes con cantos y bailes y compartieron su testimonio para sensibilizar a los menores, quienes a su vez impactados por la vivencia de la jornada se quebrantaron y varios rompieron en llanto.

El plan de choque finalizó con una charla personalizada, en la que cada niño seleccionaba a un recluso y este les mostraba las instalaciones de la comunidad terapéutica y les hablaba de su experiencia personal, para así persuadirlos de no cometer los mismos errores que ellos cometieron. El impacto fue tan positivo que al final los estudiantes agradecieron a los reclusos, al INPEC y a la Personería por haberles mostrado esa realidad e hicieron un compromiso para realizar cambios en sus vidas que eviten que entren en la vida delincuencial. El bus que los llevó a la cárcel, los regreso a las instalaciones de la institución educativa, en donde sorpresivamente se encontraron con sus papás, a quienes les contaron la experiencia y tuvieron un momento de reflexión y sensibilización.