Editorial

JUGANDO A PREDECIR TERREMOTOS…

Por Wilfredo Sierra Moreno,

La semana pasada las redes se movieron insistentemente con los argumentos de ciudadanos comunes y corrientes que reprodujeron una nota de alguien, según la cual los recientes movimientos telúricos y terremotos en diversas partes del mundo harían prever que estábamos prontos en Suramérica, Colombia y Bucaramanga en particular a un gran terremoto. Inmediatamente, como por arte de magia salieron todos los medios de comunican tradicionales, tanto de radio, prensa y televisión a hablar de “la faraónica irresponsabilidad de los medios virtuales” al acoger viralmente este tipo de contenidos…

Aunque parezca un tema trivial, la verdad es que detrás de este hecho hay muchas cosas realmente trascendentales sobre los cuales habría que hacer un debate serio y sin el conservadurismo conceptual de los medios de comunicación tradicional que hasta ahora hemos conocido. En primer lugar hay que decir que lenta pero fatalmente – diría yo – los medios virtuales le han ido quitando el gran podio que tenía la prensa hablada, escrita y de televisión, en donde  como nuevos “papas” de las verdades reveladas reinaban sobre nuestra sociedad.

Ciertos medios como El Tiempo y la familias Santos en su tiempo, El Espectador y los Cano, Vanguardia Liberal y los Galvis y el Frente con sus varios dueños pero ahora bajo la batuta de Rafael Serrano, no solo informaban sino también desinformaban de acuerdo a sus intereses políticos y económicos, y ponían y quitaban prestigios –aun lo hacen – de acuerdo a su regalada gana, o sus interés de partido, de familia o de plata. Las verdades infalibles de algunos medios son como las de los Papas, Obispos y ahora pastores evangélicos, que mueven la “voluntad su dios” –yo siempre lo escribo en minúscula el “dios” porque no creo en él – de acuerdo a sus particulares intereses.

Y eso era factible porque lo que eufemísticamente han denominado la “sociedad civil” no tenía medios de expresar sus particulares quereres y debía de ser “interpretada” por una minoría de “iluminados del altísimo”, porque lo que ellos escribieran o dijeran era la última verdad. Pero de un tiempo para acá, con la mayor culturización del común de nuestras gestes, las mayorías comenzaron a entender que sus “voceros” de la prensa, sobre todo los dueños de medios, eran unos jodidos que a pesar de todo lo que les duela, por debajo de la mesa negociada adhesiones y promociones de manera poco clara, con las mismas prácticas que criticaban a ciertos políticos y a otros no.

Ah, pero llego el Internet y los medios virtuales, y entonces las gentes del común tuvieron herramientas como Facebook, Twitter y muchos otros en los que sus opiniones podían ser leídas, así fuera por dos o tres gatos, después por  diez y luego por cientos, hasta el punto de existir cibernautas que gracia a su talento y recursos puede tener diariamente millones de lectores al día, a lo que no pueden aspirar los medios de papel, por lo que desde  los diarios más duros del mundo,  tuvieron que ir transfiriendo su modo de información a lo virtual, para mantener la audiencia.

Ahora bien, que ellos fueran los dueños de “la responsabilidad” informativa y “la verdad revelada” está más que revaluado a lo largo de la tortuosa vida política, económica y social, pero sobre eso no me voy a extender.  Volvamos al inicio del cuento: ¿estaban muy apartados de las posibilidades de un evento sísmico los autores de la nota que indigno a nuestros papas informativos? Lo cierto es que un ciudadano medianamente educado, universitario, bachiller, y aun no académicamente formado, sabe que estamos sobre una mole de tierra que es viva, que se reacomoda constantemente y que produce temblores leves, medianos, fuertes y muy fuertes, según sus placas tectónicas se van acondicionando. Que en las últimas semanas ha habido una serie de eventos telúricos muy graves es ciertos, y el no muy tonto sabe que hay unas interconexiones al interior de la tierra, tierra que esta constituida de muchas placas, y que existen fallas geológicas que se pueden activar de un momento a otro. ¿Es estúpido, alucinado, loco, irresponsable, sospechar que cualquier día el cuento del terremoto nos toque a nosotros?

Pues bien, el día que más circulo el Internet el artículo de marras templo fuertemente en el país, con un movimiento superficial que tuvo su origen en Antioquia, Por lo menos tres sismos más, además del de magnitud 6,1 que ocurrió a las 8:58 de ese martes con epicentro en Mutatá que se sintió en varios departamentos del país, tuvieron origen en Antioquia en las horas de ese día. “Coincidiendo”, dice medio folclóricamente el diario El Colombiano de Medellín con la “falsa cadena de WhatsApp” que corrieron ese día. ¿Se dan cuenta de la escala de valoración de los semidioses de El Colombiano? Para un observador desprevenido los WhatsApp tenían una parte de razón aunque no toda, porque no se presenta un terremoto, lo que en últimas no dependió ni depende de ningún pinche mortal sino de las condiciones físicas y hasta químicas de la zona en que se dio – y se da- el ajunte de placas tectónicas.

Yo no quiero terminar estas líneas que me ganarán mil y una animadversión sin afirmar contundentemente que quienes promueven irresponsablemente la idea de la ciudad de Bucaramanga como la gran ciudad de Colombia del futuro y le meten duro pero bien duro a una construcción desaforada sobre nuestro suelo, nos están vendiendo verdades a medios y no han medido bien los riesgos de sobrecargar el peso del piso de una planicie que tiene mil y un problemas de fallas de superficie que en alguna oportunidad Vanguardia Liberal resumió de esta forma:

Los factores de riesgo de Bucaramanga: 1. Tres fallas sísmicas que afectan a Bucaramanga y su área metropolitana: Santa Marta, Río Suárez y Bucaramanga. 2. Cercanía con el nido sísmico de La Mesa de Los Santos. 3 Erosión y problemas ambientales que propician deslizamientos. 4 Las fuertes temporadas invernales que favorecen el desbordamiento de los ríos. 5. Falta de capacitación y preparación de la ciudadanía en general para atender una situación de emergencia.

Sé que no demorara mi querido amigo director de uno de los grandes medios de comunicación de la ciudad y profesor de periodismo – además – en llamarme a decirme que soy un irresponsable al decir lo que digo en esta columna. Él sabe, no sé porque carajo don, que un terremoto nunca va a suceder en Bucaramanga. Pero yo hablo en funsión de la misma lógica elemental de los autores del supuestamente falso WhatsApp, y mis preocupaciones sobre mi ciudad además tienen bases científicas. Y no hablo en nombre de una fe de carbonero, ni en defensa de los constructores que se están ganando miles de millones de pesos en esta ciudad, y claro, sin los pergaminos que la hipotética oligarquía e ilustración bumanguesa piden para justificar algunos analices.

Y termino diciendo, para que me den bien duro, que los simulacros de evacuación frente a un suceso telurico que se han presentado últimamente en la ciudad, no tienen ni la seriedad ni la extensión que debería tener éste ejercicio. Parece que entre nosotros se quedó definitivamente la conjugación de ese famoso verbo: Hagámonos los pingos…