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“LA CORRUPCIÓN ENGENDRA CINISMO”: PATRICK STOKES

Patrick Stokes. Archivo personal

Tomado del diario El Espectador. Redacción Económica. http://www.elespectador.com El exdirector de la Unidad de Prácticas Corruptas en el Extranjero, agencia de EE. UU., habló con El Espectador sobre las herramientas que podrían usarse para combatir mejor este flagelo.

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Este el 19 y el 20 de abril, en el hotel Marriott de Bogotá ubicado sobre la avenida El Dorado, 50 expertos se sentarán a discutir en el foro “La corrupción en Colombia: La peor forma de violencia”, sobre un problema que, se estima, le cuesta al país unos $50 billones al año. El evento es organizado por Caracol Televisión, Transparencia por Colombia y Foros Semana, en alianza con El Espectador y agencias de cooperación internacional. Uno de los invitados es Patrick Stokes, exdirector de la Unidad de Prácticas Corruptas en el Extranjero de Estados Unidos, y este diario habló con él sobre la corrupción, que, ahora que las Farc son asunto del pasado, parece llenar las agendas mediáticas día tras día.

¿Qué pueden hacer países como Colombia para reducir el impacto de los delincuentes de cuello blanco y de la corrupción?

No hay solución sencilla. Se requieren esfuerzos sostenidos desde muchos frentes. A todos los países les cuesta la aplicación de la ley sobre este tipo de delitos, precisamente porque con frecuencia son complejos, difíciles de detectar y de investigar. Abordar esta problemática puede requerir reformas estructurales, un compromiso aún mayor de los fiscales, jueces y políticos, más escrutinio de los medios de comunicación e incluso confrontar los asuntos sociales que facilitan estos delitos.

¿Qué han hecho bien los países que han logrado combatirla mejor?

He visto países cuyo éxito radica en desarrollar un acercamiento con sus herramientas legales y en ampliar sus normas de modo que sean lo suficientemente flexibles para abordar las múltiples maneras en que se cometen estos delitos. Un compromiso sustancial de parte de la Fiscalía y la Policía. Un compromiso profundo y público de parte de los políticos para atacar la delincuencia de cuello blanco. Y una prensa enérgica que, con responsabilidad, mantiene los asuntos relevantes (en esta materia) a la vista de todos.

“Un compromiso profundo y público de parte de los políticos para atacar la delincuencia de cuello blanco”.

¿Existe una manera para lograr que los países estén tan interesados en combatir la corrupción transnacional como lo están en combatir el terrorismo?

El daño que causa la corrupción por lo general es difuso, indirecto y difícil de medir. La devastación del terrorismo, en cambio, se hace evidente fácilmente y se mide en personas muertas y en miedo. Sin embargo, intuitivamente conocemos los efectos corrosivos de la corrupción en la sociedad. Engendra cinismo en los gobiernos, socava el Estado de derecho, succiona los recursos legítimos y los aleja de necesidades de la sociedad y del gobierno, resalta la inequidad y promueve un ambiente en el cual las organizaciones criminales pueden prosperar. Los efectos de la corrupción transnacional pueden ser aún más perversos, pues regiones enteras pueden ser explotadas y desestabilizadas.

¿Hay alguna manera de que los países sean más efectivos para combatir casos como el de Odebrecht, donde reinaron los sobornos y la corrupción transnacional?

Lograr eso exige que los países desarrollen estrategias de enfoques múltiples. Tiene que haber una reforma legal, compromiso en cuanto a recursos, voluntad política, escrutinio mediático, presión de la opinión pública, entre otros. Organizaciones como la OCDE están haciendo más para que los países respondan por su débil capacidad para afrontar este tipo de situaciones, para que haya reformas normativas. A lo largo de Latinoamérica se puede ver que los países están hacienda modificaciones estructurales y legales para que quienes aplican las leyes tengan más herramientas para investigar y llevar a juicio estos casos. El valor de la presión ciudadana, además, no debe subestimarse. En ciertos países se puede ver que los ciudadanos, francamente, están hartos de la corrupción que han tenido que soportar y exigen cambios.

“En ciertos países se puede ver que los ciudadanos, francamente, están hartos de la corrupción que han tenido que soportar y exigen cambios”.

Siempre se habla de que más voluntad política traería mejores resultados, pero ¿qué pueden hacer las entidades no políticas?

En un nivel práctico, creo que el cambio más importante que puede promover un país en aras de luchar contra la corrupción transnacional es aprender a trabajar efectivamente con las entidades de justicia y reguladoras de otros países, bien sea compartiendo evidencia o labores de inteligencia sin demoras burocráticas, o coordinando investigaciones y resoluciones (así como se hizo en la operación Lava Jato entre Brasil, Estados Unidos, Suiza y otros). Es un punto simple, pero importante: las empresas saben cómo operar entre fronteras sin interrupciones; las agencias judiciales por lo general no lo saben.

Odebrecht también nos ha enseñado lo difícil que es rastrear bienes y dinero producto de la corrupción. ¿Qué se puede hacer para mejorar en esta tarea?

Creo que la mayoría de los que trabajan en la aplicación de la ley dirían que el reto más grande para rastrear bienes y dinero es la falta de reglas efectivas para los bancos y las compañías de papel. Desde esa perspectiva, todavía es muy fácil esconder fondos ilícitos en una telaraña de cuentas controladas por una telaraña de compañías de papel en países donde a las entidades estatales les cuesta determinar quiénes están realmente detrás de esas empresas.

Otro problema que sufren países como Colombia es la evasión de impuestos. ¿Es la cárcel la medida adecuada para enfrentarla?

A nadie le gusta pagar impuestos, ni siquiera a mí. Pero todos nos beneficiamos de una sociedad organizada y eso cuesta dinero. Entonces, pagar la cuota justa es fundamental para una gobernanza efectiva. Ese es un principio básico con el cual la mayoría está de acuerdo, al menos en abstracto. No hay duda tampoco de que la cárcel es un fuerte disuasivo. Comencé mi carrera como fiscal de temas tributarios y aprendí rápido cuán poderosa es para los evasores de impuestos la amenaza de ir a la cárcel. Pero, más importante aún que la posibilidad de sanciones sustanciales, incluida la cárcel, es tener una aplicación de la ley efectiva. Un evasor de impuestos necesita tener miedo de que lo cojan antes de tener miedo de ir a la cárcel.

“Un evasor de impuestos necesita tener miedo de que lo cojan antes de tener miedo de ir a la cárcel”.