Editorial

LA MALDICIÓN DE BARRANCABERMEJA…

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

Como si fuera el producto de una maldición atávica, a Barrancabermeja definitivamente no le ha ido bien en los últimos decenios en el marco de su desarrollo histórico administrativo, y no se trata solamente de que los últimos alcaldes de esa ciudad han terminado empapelados por múltiples razones, sino que además, a pesar de que obras públicas o de infraestructuras nuevas si se han visto en el Puerto Petrolero, la condición humana de amplios sectores de sus barrios periféricos no mejoran y, antes bien, ingentes problemas sociales se acrecientan por montones. El destino quiera, como dicen las  viejecitas entre nosotros, que con el actual alcalde las cosas cambien y factores de reencauzamiento se den hacia el inmediato futuro.

Pero miren, no es solo tema de alcaldes… Ahora no solo es que Ecopetrol nos hizo un gran pistolón a los santandereanos con el cuento de la modernización de la refinería del Puerto Petrolero, que dejo embarcado a más de un ciudadano que hizo inversiones ante la supuesta nueva bonanza –aquello de ensillar antes de traer las bestias- sino que la gran obra para la recuperación del Rio Magdalena recibe el golpe de que el principal inversionista en la megaempresa, Odebrecht, se ve terriblemente involucrado en los actos de corrupción en el Brasil, y como consecuencia, ha pedido ser reemplazada en el consorcio financiero de recuperación del Rio Magdalena.

Algunas cositas dignas de comentar antes de seguir adelante con este análisis. Si Odebrecht que está metida en el gran escándalo de Petrobras en el Brasil, demostró ser inmensamente sucio a la hora de conseguir negocios en el gran país de doña Dilma Rousseff, no creemos, ni por un momento, que haya renunciado a sus prácticas delincuenciales para conseguir sus transacciones en Colombia. Solo que aquí, en nuestro país, la contratación está milimétricamente cubierta por un manto impunidad que no deja oler los fétidos gases de esos tan encumbrados, técnicos y complicados negocios. A nosotros nos arreglaron con el contentillo que Odebrecht le va a ceder sus negocios a otras empresas, y todos tan felices.

Pero si queremos amargarnos un poquito más el día, tenemos que recordar que la gran Cormagdalena, encargada del manejo de todas las cosas del Rio Grande de la Magdalena, no está dirigida, ni de lejos, por santandereanos, y que a nosotros nos toca agradecer que los engaripolados directivos costeños vengan a medio decirnos que están haciendo con las platas destinadas para la gran obra cuando les da la gana, y punto. Ni Ecopetrol nunca jamás volvió a ser gerenciada por un santandereano, ni la flamante Corporación del Rio Grande de la Magdalena está en nuestras manos y, una vez más – tengo que decirlo así levante iras en algunos sectores de este departamento – se comprueba que seguimos siendo extraños en nuestra propia tierra.

Barrancabermeja y Ecopetrol fueron la punta de lanza histórica para el desarrollo productivo de hidrocarburos de la nación, pero a los artífices de la gran parte de la riqueza nacional solo nos es dado el deleitarnos con orgullos pendejos. Como solía oír en un chistoso dicho mi abuela, nos está pasando lo de las gallinas: ponen y poner y ni para los chocatos. Cuanta falta nos está haciendo un Hugo Serrano Gómez cuando de hacer estos debates serios sobre el sector de hidrocarburos y de la suerte de Barrancabermeja se trata. Porque el otro supuesto dirigente eléctrico de Santander solo va a pasar a la historia -¡si es que pasa!- por impulsar una ordenanza para obligarnos a todos los santandereanos a leer la biblia. Que cretino. Pero es que justamente por ese tipo de supuestos líderes que tenemos entre nosotros es que con nuestra riqueza, nuestra dignidad y nuestro orgullo hacen lo que les da la gana. ¡Pero que viva la Santandereanidad, que carajos!