Editorial

LA PAZ LA HACEMOS TODOS…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.   

img_20160507_161718Firmado protocolariamente el texto del acuerdo entre la guerrilla de las FARC y el gobierno nacional, hay que decir que la paz no es un problema de ellos solos,  sino de todos los componentes de esta sociedad, y que si se quisiera realmente llegar a una solución definitiva de los males que nos aquejan en las regiones,  departamentos y municipios, se debe hacer una gran esfuerzo porque los factores de desequilibrio e injusticia sean corregidos.

Bucaramanga, por ejemplo, vive un drama diario con los vendedores ambulantes que son, en esencia, hombre y mujeres que llegaron desplazados desde otras partes del país, donde la violencia fue tal que les hizo imposible continuar en sus territorios de origen. ¿Qué hacen estas gentes cuando a pesar de toda la publicidad sobre nuestras supuestas grandes condiciones como empleadores no existe realmente trabajo formalizado para todos los habitantes que ahora viven en la ciudad?

Frente a la negativa de un empleo formal lo único que queda es el rebusque y este es más expedito como vendedor ambulante. Pero ¿cuál es la respuesta a las necesidades de esta pobre gente? Persecución y garrote venteado por parte, no de la policía, sino de unos esbirros que la oficina de Espacio Público contrató y que dan rienda suelta a toda la bestialidad de que un ser humano es capaz, repartiendo garrote, patadas y trompadas, de la forma más primaria que uno puede imaginar.

Claro, del otro lado están los gremios económicos, que ciertamente pagan impuestos, presionando para que la competencia por la venta de mercancía no se quede a la entrada de sus almacenes, pero si quisiéramos hacer una vida diferente entre nosotros, conciliar seria la forma ideal de tratar de asumir este drama humano de nuestros desempleados vendedores ambulantes en la calle.

Pero los señores de los gremios, Andi, Fenalco, Cámara de Comercio, no entienden de eso porque ellos son los exponente del gran capital de las gentes de la ciudad, y el gran capital siempre ha usado la violencia y la agresión para pisotear a quienes creen inferiores, a los pobres, a los “sin clase” según ellos, a la manera de los viejos tiranos terratenientes que con látigo en mano hacían trabajar a sus esclavos.

Los gremios nos venden la idea de que son la expresión de la “sociedad civil”. Es no es cierto. Los ciudadanos comunes y corrientes no tienen medios formales de expresión. Ellos, los gremios, son  los exponentes de la oligarquía regional, a tal punto que con el gobierno departamental anterior algunos de estos señores se aliaron incondicionalmente, con los resultados que ahora tenemos de incumplimientos en obras, ejecuciones y malas cuentas como consecuencia de lo que paso entonces. De las tales “veedurías” no ha quedado nada, porque los bumangueses y ciudadanos del área metropolitana seguimos pagando un enorme  precio en demoras por incumplimientos que vienen de atrás y que nadie fue capaz de realmente  poder coto en el momento oportuno.

Si se quiere una verdadera paz hay que hacer justicia social. Pero no esa justicia social de papel, de titulares de prensa, de ruedas de prensa con los comunicadores donde las repuestas son demasiados parca y sin posibilidades de profundización.  La paz, señores, en lo regional no puede seguir siendo carrera. Por fortuna, y lo digo sin pudores, Didier Tavera está haciendo un trabajo por las regiones del departamento y el área metropolitana de Bucaramanga, en donde se ve el deseo de acercarse de verdad a las gentes para corregir tanta y tantas dificultades que tienen nuestras gentes.

Si, hagamos la paz, ganemos con el SI, pero pasemos de la carreta a los hechos. Obras son amores y no buenas razones, dice por ahí un dicho, y esto sí que es cierto cuando de lograr la reconciliación entre los diferentes sectores que componemos nuestra diversa estructura de clases que somos  la Bucaramanga y departamento de hoy se trata. Y que algunos señores dejen de hablar alegremente  en nombre de toda nuestra sociedad, a la que ellos, en plata blanca, no representan. No es, pues,  siguiendo cogiendo a patadas a los vendedores ambulantes como vamos a hacer la paz. Pobres y todo, esos señores son seres humanos y  tienen derecho a comer. Y solo una sociedad que respeta a todos y cada uno de los miembros puede hablar de reconciliación. Lo demás es un cuento chino.