Noticias

LA “SAETA RUBIA” JUGARÁ CON LOS ÁNGELES

image
Alfredo Di Stéfano
Publicidad

Por: Santiago Laz  (De periodistas & Comunicaciones de Linki in)  

Como si el destino jugase a las coincidencias, al mismo tiempo que comenzaba el encuentro de cuartos de final del Mundial de Brasil entre las escuadras belga y argentina, los teletipos repiqueteaban el ingreso de Alfredo Di Stéfano, que en estado de máxima gravedad era ingresado en el hospital madrileño Gregorio Marañón a causa de una crisis cardiaca sufrida mientras daba un paseo, sólo un día después de cumplir los 88 años.

Para todo aficionado al fútbol este jugador de leyenda ha marcado un hito en la historia de este deporte. Don Alfredo fue constelado siempre de una especie de halo mítico con el que deslumbró en la cancha, una mística futbolera que le aupaba al liderazgo entre sus compañeros y a la admiración entre sus rivales. Rescatadas de las filmotecas, las imágenes de su dominio del juego, de la finura de su estilo, de la maestría de sus pases, de sus dribilngs y de las increíbles ejecuciones de sus tantos, confieren brillo de arte al desarrollo del fútbol en sus botas. En su prolija trayectoria ni siquiera se le hurtó la dificilísima ambivalencia, y privilegio, de haber defendido durante su carrera dos elásticas nacionales, la albiceleste que  acaba de pasar a semifinales en Brasilia y la selección española, en épocas en la que esta únicamente podía invocar su furia.

Este porteño ya había militado en el River Plate, donde dio sus primeras patadas profesionales a un balón (1945), y en el Huracán ambos en su país natal, pasando luego a fichar por el Millonarios de Bogotá. Inicia su andadura deportiva española en la temporada 1953/54, en el Real Madrid; eso sí, después de haber sido birlado, en una operación in extremis, tan trucha como semi clandestina, por Santiago Bernabéu al FC Barcelona, club que lo llevó a España y casi, casi, casi tuvo cerrado su fichaje para las filas blaugranas. Aún quedan (muy pocos) contemporáneos del argentino que sostienen que el fichaje con el equipo barcelonés llegó a formalizarse oficialmente, pero que las triquiñuelas y artificios del viejo zorro blanco consiguieron deshacerlo y dar carta de naturaleza al trile. Esa operación nunca fue perdonada por el club catalán y forma parte, en posición muy destacada, de la panoplia de reproches sempiternos que el club de la Masía mantiene hacía la institución capitalina.

Con D. Alfredo el Real Madrid vive su época más esplendorosa. Una década mágica (1951/60) en la que el club blanco suma éxitos en cada campeonato en que participa y va dejando sin espacios sus vitrinas… Liga, Copa, torneos nacionales e internacionales; destacando sus cinco Copas de Europa, las correspondientes a las cinco primeras de sus ediciones. Las ligas y las copas españolas; también el astro argentino levanta la primera Copa Intercontinental que se disputa en 1960.

Y para que de todo hubiese en su currículum vitae, Di Stéfano vivió su gran dosis de adrenalina durante el secuestro que sufrió en la capital venezolana (1963), donde se encontraba -con el Real Madrid- para participar las llamadas Series Mundiales de Caracas (torneo más conocido entonces como ‘Pequeña copa del mundo’), que enfrentaba a clubs de fútbol latinoamericanos y europeos, cuando miembros de Las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) le secuestran, poniendo en pie de guerra a toda la policía venezolana en pos de su localización y liberación, y el alma en un puño a todos los aficionados del mundo. Al igual que su paisano Juan Manuel Fangio, que fuera raptado por los castristas en La Habana de Batista, la Saeta Rubia era utilizada como plataforma publicitaria internacional de unas reivindicaciones políticas. El secuestro, como todos sabemos, tuvo afortunadamente un feliz desenlace.

Luego, en el ocaso de su vida deportiva, juega dos campeonatos (1964/65 – 1965/66) vistiendo la camisola de los periquitos del RCD Español, teniendo como compañero al también mítico Kubala. Y tras su paso por el equipo de Sarriá vino se época de entrenador, etapa a la que se le atribuye ese: “ya que el fútbol me lo ha dado todo en la vida, yo deseo darle algo a este deporte”; y en la que transita por los banquillos del Elche, el Boca Juniors, el Valencia, el Sporting de Lisboa, el Rayo Vallecano, el Castellón, el River Plate, y el Real Madrid, club que siempre fue su casa y en el que colgó definitivamente las botas de su vinculación activa con el fútbol, y del que es presidente honorario desde hace catorce años… toda una institución en la casa blanca y en el corazón de cuantos amamos el fútbol.

Quienes le vieron jugar en directo dicen que no ha vuelto a saltar al pasto otro pelotero como él. Pionero del más fino fútbol, predecesor de figuras como Pelé, Zico, Maradona, Eusebio, Cruyff, Messi o Cristiano Ronaldo; dueño de un estilo irrepetible e inimitable, su legado permanecerá como el del más genuino maestro en el deporte de los deportes. Ahora, en su postrer momento, cuando el adiós definitivo de una vida intensa y plena de vivencia parece acercarse, mientras en las redacciones se elabora el más cuidado obituario, el Gran Jefe –que dicen simpatiza con los argentinos y por eso ha puesto un Papa bonaerense y les está echando una mano en los Mundiales- ha dado órdenes a la corte celestial para que prepare a sus arcángeles, por supuesto vestidos de blanco -como no podía ser de otra manera- para recibir a esa Saeta Rubia que embelesó las gradas y ponerlo a jugar, durante toda una eternidad, en ese campeonato en el que todos los día se disputa una final del campeonato universal… Cosas del cielo futbolístico, incomprensible para los mortales, donde Di Stéfano, esperado durante mucho tiempo, tiene seguro un puesto de titular.

Captura-de-pantalla-2014-07-07-a-las-20.49.59