Editorial

LA TOMA DEL PALACIO DE JUSTICIA…

Publicidad

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mMe tocó vivir en vivo y en directo –como se dice vulgarmente – la toma del Palacio de Justicia en Bogotá, porque a la sazón era yo por esa época periodista de la Cámara de Representantes y, desde la Comisión Séptima que daba precisamente frente a la Plaza de Bolívar, Comisión en la que nos apertrechamos un buen número de santandereanos para ver los desgraciados sucesos que se estaban presentando ante nuestro ojos, tome la atrevida decisión de transmitir a algunas emisoras del departamento de Santander parte de los hechos violentes que se desarrollaron durante varias horas e interminables días…

Pero mi versión de esa historia tiene connotaciones más dramáticas… Justamente 8 días  antes de la toma había estado yo comiendo en una pizzería al frente de la Alcaldía de Bogotá con Andrés Almarales con quien, fruto de esa extraña manía que tenemos los periodistas de estar cerca de una fuente informativa, por muy peligrosa que sea, me había hecho muy buen amigo. La historia de mi cercanía personal con el M – 19 tenía raíces  de bien atrás, desde cuando en Bucaramanga, con una insistencia digna de mejor causa, Carlos Toledo Plata me solicitara que me hiciera cargo de la dirección del periódico Mayorías, el órgano de expresión de la Anapo que en su momento – o al menos eso siempre creí yo – no tenía todavía las tendencias subversivas que luego aparecerían.

Estaba yo por entonces infectado de un enfermizo sectarismo liberal, ideología a la que creía, estúpidamente, la panacea de todos los problemas colombianos, y frente a mi Rodolfismo Confederado, la invitación de Carlos Toledo encontraba un muro infranqueable. Pero las dos visiones distintas de la ideología y la vida, nos llevó a confrontaciones y disquisiciones verbales en torno a la mejor manera de “salvar a este país”, y ese ejercicio dialectico se extendió a un buen número de los integrantes del M -19, cuando éste movimiento vivía ya su pleno furor subversivo. De todos los “contendientes” ideológicos fue tal vez Andrés Almarales el más constante y asiduo, y con quien cuando estaba en plena clandestinidad, concertábamos citas en Bogotá en los sitios más inesperados “para votar corriente”.

Por supuesto no era yo el único periodista del país que sucumbía ante los encantos de chiva y entrevistas con estos desconcertantes guerrilleros de ciudad, por lo que no me sorprendió una invitación que me hizo en la última cita en la pizzería… Iban los señores del M -19 a citar a una importante actividad en 4 o 5 días a todos sus amigos de los medios y, por lo tanto, debería estar especialmente atente a mi teléfono por esos días. Hoy no tengo la menor duda que en medio de esa esquizofrenia alucinante que manejaban los soldados de Bateman y Pizarro, estaba la de citarnos a un muy número de periodistas, para meternos – a traición claro está – al Palacio de Justicia, para tener otro factor miserable para chantajear al establecimiento.

Mi hipótesis se basa en otro hecho que nunca fue suficientemente conocido de la opinión pública, y es que en las primeras horas de la acometida armada al Palacio de Justicia, la vigilancia del edificio de la Cámara y el Senado de la República detuvieron a dos o tres sujetos armados – que nada tenían que ver con Senadores, Representantes o funcionarios oficiales – al interior de las instalaciones del parlamento. Según pude saber posteriormente por “fuentes de alta fidelidad”, el asalto a la legalidad institucional del país cubría, también, la toma de las instalaciones de los legisladores nacionales, acción que no se pudo concretar porque demoras en el desplazamiento del convoy que llevaba las unidades armadas para tal propósito, se atrasó de manera significativa, abortando -afortunadamente- es parte tétrica de la monstruos acción de ese día.

Por supuesto lo que paso con la retoma del palacio por parte de las fuerzas armadas merece todo el manejo mediático que los medios de comunicación nacionales le han dado al asunto esta semana, pero yo, desde mi experiencia personal de los hechos, solo tengo que expresar mi convicción que los tipos del M que llevaron a cabo esa operación estaban definitivamente locos. Esquizofrénicos creo que es un diagnostico que se queda corto. Pretender montar desde la toma armada en el Palacio de Justicia un juicio revolucionario al Presidente Belisario Betancur para procesarlo, condenarlo y fusilarlo por traición a la patria, es un despropósito de dimensiones faraónicas, que no cabe definitivamente en ninguna cabeza cuerda del universo.

Acogí y respalde en su momento el proceso de paz con los señores del M – 19, pero sí creo que la evaluación conceptual de los hechos ha sido, por lo menos teóricamente, excesivamente generosa con estos guerrilleros urbanos. Claro, produjo arrepentimientos y transformaciones admirables como la de Antonio Navarro Wolf. Pero no dejo de aportarnos paranoicos y esquizofrénicos de la talla del señor Petro. Y para finalizar estas notas medio autobiográficas, solo quiero agradecerle al Gran Arquitecto del Universo que por lo menos el señor Almarales no tuvo el tiempo suficiente para envolvernos, a los periodistas que vivíamos encantados con un criterio pendejo de chiva, en su estrategia demoníaca de meternos a la boca del lobo. Porque de lo contrario no estaría vivo, contando el cuento.