Editorial

LAS GUERRAS “SANTAS”…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mNo soy marxista, ni pro guerrillero ni nada que se le parezca, pero lo que no se puede negar es que el señor Carlos Marx en sus muchos escritos sostuvo algunas verdades incontratables, como aquella de que la religión es el opio del pueblo, o que la violencia ha sido la partera de la historia a lo largo del tiempo. La religiones, todas las religiones, alienan la mente de sus seguidores y les hacer creer las más irracionales de las estupideces, y una vez “vacunados” dogmáticamente, son capaces de propiciar las más cruentas y feroces acciones, lo que han hecho que manchen el desarrollo de la historia con miserias perpetradas en el nombre de Dios, o de Jesucristo, o de Mahoma, con una convicción autómata que sorprende a psicólogos y  psiquiatras.

¿Que fueron las cruzadas que la santa iglesia católica, apostólica y romana propicio por los lados del medioevo sino unas verdaderas carnicerías en las que este brazo armado de la Curia Romana tenía el permiso de decapitar, sin formula de juicio, a quien no se reconociera de entrada que era católico?  Y los señores evangélicos no se pueden lavar las manos con sus caras de santos impostados, porque guerras como las de Irlanda del Norte dan cuenta de una ferocidad que no propiamente deja bien parados a los seguidores de Lutero frente a sus contendientes católicos, que igualmente mataron a cuanto protestante se les puso por delante.

Lo que hace hoy por hoy más tenebrosos a los fundamentalistas islamistas es que, al contrario de los cristianos –en todas sus vertientes – que igualmente predican un más allá llena de dichas inenarrables, estos si se comen entero los cuentos de las complacencias en la otra vida y, por lo tanto, no le tienen el más mínimo  temor a la muerte. Es más, sea auto inmolan con una felicidad desconcertante frente a quienes, en el fondo, le tenemos un terror espantoso en irnos “para el otro lado”. Este factor hace que las condiciones estratégicas de una guerra contra ellos propicie un desbalance en favor de quienes no tienen la menor pisca de aprensión en dejar de existir. Pero ojo, que ese no temor a la muerte tiene una explicación teológica clara para estas desalmadas mesnadas.

Según la doctrina especial para los guerreros por Ala, un paraíso especial espera tras la muerte a quienes hayan dado su vida por él en el combate de la Yihad, la guerra santa. Esta promesa explica –dicen los expertos – en parte el éxito del reclutamiento de radicales por parte del Estado Islámico (EI) en los círculos más fundamentalistas del mundo musulmán. Y también el carácter arrollador de su ofensiva militar. Los combatientes del EI no temen la muerte – reiteran los versados – porque muchos están convencidos del edén que les aguarda si caen bajo la insignia negra del autoproclamado califato. La doctrina tradicional de gran parte de los eruditos musulmanes coincide en señalar que Dios bendecirá de modo especial a los «mártires de la Yihad» con siete señales o recompensas. Una de ellas es la concesión a los varones de 72 mujeres vírgenes («huríes») en una hipotético existencia después esta.

Por muy absurdo e infantil que nos parezca a nosotros los occidentales este tipo de presupuestos doctrinales para el más allá, la verdad es que sus seguidores están radicalmente convencidos de ello y en consecuencia les hace unos elementos terribles para la guerra. Y uno de las hipótesis básicas de los Yihadistas es lo que denominan la guerra contra los “infieles”, aquellos que no creen en los dictados básicos de Mahoma para el mundo. Pero además estos señores dicen tener explicaciones básicos para recurrir a todas las formas de lucha – como dirían los mamertos comunistas -, entre ellas el terrorismo,  y una de ellas es afirmar que responden a la invasión de una coalición de países occidentales liderada por Estados Unidos –en la que desde luego esta Francia – a Irak en el año 2003, argumento que es la partida de la razón de ser del Estado Islámico, EI, que en un principio estuvo liderado por Al Qaeda.

Ahora bien, esta tenebrosa historia tiene más facetas desconcertantes de las que uno podría esperar, porque los narradores del mundo contemporáneo no dejan de recordarnos como en la guerra de Afganistán contra los soviéticos, fuera precisamente Estados Unidos quien bajo el manto de “acciones secretas”, hubiera financiado y fortalecido en armas y tácticamente a Al Qaeda, como su brazo ofensivo contra los Rusos. ¿Cría cuervos y te sacaran los ojos? Lo que estaría más que demostrando esto, más muchos otros hechos de igual magnitud, es que la premisa sobre la violencia como partera de la historia del señor Marx, está más que vigente. Con un agravante, lo que viene de aquí en adelante con los hechos de Paris es un escalamiento de proporciones descomunales de esta confrontación, lo que quedo palmariamente patentado en las palabras del Presidente Hollande quien advirtió que no tendrá piedad en la lucha contra el terrorismo.

Luego están claramente advertidos los cretinos cristianos que creen que todo en la vida y más en  este terreno, se arregla con oraciones. Para un frio analista militar la alternativa es clara: o Francia, Estados Unidos y toda la coalición occidental en la que aparentemente ahora esta Rusia incorporada, la mete toda en la guerra para exterminar definitivamente al Estado Islámico, o el Estado Islámico tarde o temprano destruirá toda la cultura occidental. Ahí no hay diálogos ni conversaciones posibles. Las armas dirimen el pleito. Como ha sido costumbre en los grandes litigios entra naciones, razas y nacionalidades a lo largo de la triste historia de este descuadernado planeta…