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LOS JÓVENES QUE APRENDIERON A HACER POLÍTICA MIENTRAS TUMBABAN AL PRESIDENTE DE GUATEMALA

Manifestantes del movimiento #JusticiaYa protestan contra la corrupción frente al Palacio Nacional en Ciudad de Guatemala el 20 de junio de 2015. Miles de personas salieron a las calles a exigir la renuncia del ahora expresidente Otto Pérez Molina. Credit Oliver de Ros para The New York Times
Javier Montenegro, ingeniero y especialista en finanzas, juega con su hija Mariana durante una de las reuniones del movimiento #JusticiaYa. Montenegro afirma que le gusta traer a su hija a estas reuniones ya que representa el “futuro del país”. Credit Oliver de Ros para The New York Times

Por Alberto Arce 12 de octubre de 2016. http://www.nytimes.com/ Una mañana soleada de octubre, un grupo de jóvenes se reúne en el salón para eventos sociales de uno de esos barrios limpios y silenciosos de clase media alta, cerrados por verjas y custodiados por guardias, que emergen entre el caos y la pobreza de las capitales centroamericanas. Es la zona 15 de Ciudad de Guatemala. Y los jóvenes no se han dado cita para festejar, sino para hacer política.

Enfrente, a unos veinte metros, se alcanza a divisar el tejado de una vivienda de ladrillo naranja. De allí salió, el 2 de septiembre de 2015, el general Otto Pérez Molina, entonces presidente del país, para presentar su dimisión y comparecer ante el juez, acusado de dirigir una estructura corrupta que se apropiaba de dinero de las aduanas. Esa misma noche Pérez Molina dormiría en la cárcel, de donde nada indica que vaya a salir pronto. Su vicepresidenta ya estaba presa. Y después cayeron tras las rejas o huyeron gran parte de sus ministros.

Un año después, en este salón, se encuentran algunos de los mismos que entonces aprendieron a hacer política tumbando a un presidente. Jóvenes que impulsaron movilizaciones, que llevaron a miles de personas a las calles con sus convocatorias en redes sociales, que provocaron el movimiento popular más importante que han vivido Guatemala y la región centroamericana desde las guerras civiles que terminaron en la década de los noventa del siglo pasado.

Son miembros del movimiento #JusticiaYa (heredero del #RenunciaYa), un colectivo nacido de una etiqueta en redes sociales que, un año después, se ha consolidado como actor político en el país sin tener siquiera todavía personalidad jurídica. Y menos aún cómo financiarse. Muchos lo llamaron entonces el comienzo de la “primavera centroamericana”. No lo fue. Para bien y para mal. Para bien porque no hubo violencia, como en los países árabes, aunque es imposible negar que ha provocado cambios políticos. Para mal porque esos cambios —de eso están convencidos— no son suficientes.

Lo que ellos sienten es parte de una sensación que se ha materializado entre los estudiantes chilenos; en España con la emergencia de Podemos; en Estados Unidos con la irrupción de Bernie Sanders; en Italia con los nuevos movimientos políticos; en Honduras, donde miles de personas durante todo 2015  —entre ellos muchos jóvenes y de clase media— salieron a las calles durante meses pidiendo que en el país se replicara el modelo guatemalteco de Comisión Internacional contra la Impunidad. Es el mismo impulso que hoy, en Colombia, lleva también a miles de ciudadanos frustrados por la victoria del No en el plebiscito sobre el acuerdo de paz, a reclamar un #AcuerdoYa en las calles.