Editorial

LOS NIÑOS Y JÓVENES EN COLOMBIA NO TIENEN FUTURO…

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Por Wilfredo Sierra Moreno

Creo que ya en alguna oportunidad anterior había utilizado este título para una columna, pero igualmente tengo que decir que en términos generales el enunciado de hoy es la  conclusión de un serio estudio de un selecto grupo de sociólogos, psicólogos y siquiatras que de manera concienzuda se dedicaron a ver cuál era el futuro que le esperaba a la niñez y juventud que hoy se levanta en este país.

Y el tema que traigo a colación a raíz de los desafortunados hechos de la Calle de los Estudiantes en Ciudadela Real de Minas, me sirve para decir de entrada que la situación de esta joven población de la ciudad, el departamento y el país está más que sobre estudiada, diagnósticas y analizada, con el único y terrible problema que en esta nación de la teoría no se pasa a las acciones para corregir los males que nos aquejan en términos generales, y  el de nuestra muchachada y estudiantado de manera particular.

La alharaca mediática que se formó  al finalizar la semana pasada y que continuara posiblemente, hace parte de esa manía muy nuestra de escandalizarnos hasta la efervescencia inmediatamente sucede un hecho triste y lamentable, para luego de unos días olvidarnos del tema, sin que los correctivos que se demandaron a la hora del escándalo terminen viéndose por ninguna parte. O acaso, ¿para alguien es desconocido que por los predios de la ciudadela estudiantil desde hace mucho rato rondan mafias de micro traficantes que hacen su agosto en ese negocia ante la vista pasiva de todos los estamentos de la sociedad?

El matoneo y la agresividad innegable de la nueva generación de muchachos es el fruto de una deficiente formación en hogares disfuncionales, en donde estos niños tienen que ver, tristemente, como sus progenitores cambian de pareja marital cada año o seis meses, sin que exista un marco serio y maduro en el cual se pueda hablar de disciplina y ética. El decir de algunas señoras modernas es que no se van a joder la vida educando muchachitos, y entonces se recurre al expediente fácil de esperar que los maestros hagan lo que los padres debieron realizar desde la más tierna infancia, con el agravante de que lo que llega a las escuelas  primaria y secundaria son pequeñas parteras emocionales a los que resulta difícil sino imposible corregir o aún menos re enrumbar.

Pero lo más triste,  la “educación” nacional a través de los canales de televisión son las series de los mafiosos y matones de nuestra historia, de los que dígase lo que diga, se hace una apología descarada. Ante tal “formación” diaria en la pantalla chica ¿qué muchacho no quiere ser una Pablo Escobar, una Quica, cargar un arma de fuego o un cuchillo para ser “el duro” de la escuela, y creer que empujándole una puñalada a su compañero se convierte en el héroe que le venden permanentemente en los medios masivos de comunicación?

El problema no es tan simple como a primera vista se quiere hacer creer cuando estos escándalos surgen entre nosotros, y si bien hacer requisas y quitarle las armas corto punzantes a los niños y muchachos es necesario, lo ideal sería que ellos no tuvieran en mente la idea de tener que ir armados a la escuela para estar seguros. Pero oh ironía de ironías, mientras tanto en los Estados Unidos, frente a la reiterada frecuencia de desquiciados haciendo masacres por todas partes, se esté recomendando a los muchachos gringos ir provistos de armas de fuego a sus centros de estudio para enfrentar estas desgraciadas contingencias…

Ciertamente el mundo moderno no es fácil y creer que esta será la última vez que asistiremos entre nosotros a un incidente trágico de estas dimensiones es cuando menos ingenuo. Sobre todo cuando los actores que rodean a los muchachos y tienen un papel vital en torno a una verdadera formación ética y social de estos, se hacen los pendejos con sus obligaciones vitales para lograr mejorías en este campo. O lo que es peor, no son los mejores ejemplos de ciudadanos íntegros a seguir.  Pedir peras en un cultivo de ají es más que estúpido.  Pero tranquilos que dentro de dos semanas a más tardar estarán de nuevo los maestros en paro, haciendo manifestaciones, abandonando su obligaciones académicas por más de un mes y tirando piedra… Así vivimos entre nosotros. Y ¡juepa! pues…