Editorial

MEDALLAS CON SUDOR DE SANGRE…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.           

Seguramente nada es más enorgullecedor para cualquier colombiano que la apenas terminada participación de nuestros deportistas en los Olímpicos de Rio de Janeiro, que ha sido la mejor de todas las intervenciones en este tipo de eventos en todos sus tiempos, cuando nuestros muchachos nos han ofrecido tres medallas de oro, dos de plata y tres de bronce. Logros que, la mayoría de las veces ha sido el exclusivo fruto del esfuerzo personal, sin escenarios adecuados para la preparación técnica y, claro, sin el suficiente respaldo económico para que estos héroes nacionales se puedan dedicar, sin mayores preocupaciones, a perfeccionar aún más sus técnicas.

Por eso digo, sin ambages, que son medallas logradas más con el sudor de su propia sangre, gracias a la verraquera personal y muchas veces contra la burocracia sempiterna que maneja los temas deportivos en este país, manejo que se hace más con un rasero feudal que cualquier otra cosa. Claro, decir estas cosas levanta roncha y, así por ejemplo, a una deportista que tuvo el valor de pedir más respaldo para ellos en sus actividades, la organización deportiva de su departamento está dispuesta a sancionarla, a esa manera intimidadora y fascistoide que tiene las clases políticas regionales para tratar de intimidar a quienes los cuestionan, antes que dar explicaciones. Estos burócratas cobardes y poco racionales se zaracean intimidando y humillando al que consideran el más débil, que es la única forma que tienen de tratar de nivelar sus personalidades desequilibradas.

A la hora de los triunfos todos se sienten ganadores, pero habría que repasar las condiciones en que trabajan las diferentes disciplinas deportivas colombianas en todos y cada uno de los departamento de nuestro país, para ver como los escenarios adecuados, los implementos modernos y los técnicos más experimentados no son los que están contratados en las diversas regiones del país. Desafortunadamente las oficinas encargadas del manejo de las cosas deportivas en los departamento y diferentes municipios de Colombia, son más una cosa de reparto burocrático y de milimétrica política que cualquier otra cosa. Y si no que lo diga una encumbrada gobernadora que termino con buena parte de sus familiares en Rio de Janeiro, mientras uno de los entrenadores de su departamento no pudo ir a acompañar a sus muchachos a las justas deportivas…

Y que ojalá las criticas sean tomadas en el mejor sentido de la palabra. Nada unifica más a la nación que el triunfo de nuestros deportistas, y esto en un país que no tiene para disfrutar cosas gratas precisamente todos los días, sería algo para valorar en su justa dimensión y hacer los correctivos necesarios. Esos directivos de las diferentes oficinas deportivas nuestras, venidos a más por un nombramiento de suerte que los saco del anonimato, deberían entender, más allá de sus estúpidas soberbias arrogantes, que es precisamente de las barriadas más humildes de la nación, en los oficios más sencillos y populares, donde están los verdaderos diamantes en bruto que nos pueden catapultar en el concierto de las naciones como una patria hecha de oro, plata y bronce.

Que bien Mariana Pajón, Catherine Ibarguen, Oscar Figueroa, Yurberjén Martínez, Carlos Ramírez, Javier Mosquera, Ingrid Valencia, Yuri Alvear y todos los deportistas que participaron e hicieron más grande nuestro pabellón nacional en el concierto de la naciones…  Ustedes son los verdaderos embajadores de nuestra dignidad, orgullo y demostración de triunfo. Y que esto sirva para que en ciudades como Bucaramanga se piense en rescatar los magníficos escenarios de las diferentes disciplinas que hoy están olvidados, y que serán los verdaderos crisoles para forjar las nuevas generaciones de colombianos. Si de verdad se quiere hacer futuro, no es sino tener ojos para ver que las alternativas están a la mano.