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MIRADA A 10 AÑOS DEL CINE COLOMBIANO

IMAGEN-14332960-2Gonzalo Castellanos analizó el crecimiento del cine pese a la pobreza del país

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(Tomado de Cultura y Entretenimiento, eltiempo.com)

 “¿Por qué este país en conflicto y de grandes brechas sociales y dificultades decide, en un momento de su historia, apostarle al cine?” Esa es la pregunta que hace en el libro Cinematografía en Colombia, Tras Las Huellas de una Industria,  Gonzalo Castellanos, quien, a manera de ensayo, analiza lo que ha pasado con el cine –su industria y narrativas– en los últimos diez años. El autor, reconocido gestor cultural, participó en el diseño de la Ley de Cine, que cambió el modelo bajo el cual se hacían películas en el país.

Plantea que el gran cambio del cine se dio hace 10 años…

descarga (1)Desde la época de López Pumarejo había leyes y se decía que el cine era importante, pero eso significaba que no le daban nada. Hasta que en el 98 se piensa el cine como algo intersectorial, se crea Proimágenes y se sientan los antagonistas (productores, exhibidores…). Ahí empezamos a ver cuáles eran los problemas estructurales reales del cine colombiano.

¿Y cuáles eran?

El acceso ciudadano al cine era el momento de la más baja asistencia 17 millones de espectadores; hoy estamos en 42 millones. Un problema de concentración de la infraestructura de exhibición, que aún existe: 200 pantallas concentradas en 52 municipios de 1.100. Nosotros hablamos de un país cinematográfico, pero hay una gran mayoría del él que no tiene nada que ver con el cine, no le llega; y un problema de acceso a créditos para los productores.

¿Cuál fue la clave del modelo?

No se podía armar un modelo como el de España, con un impuesto a la boletería, porque este era un país con índice de pobreza que rondaba el 47 por ciento; entre el vaso de leche y la boleta de cine era clara la elección. Nuestras premisas fueron: no le dañemos el negocio a nadie, mejorémoslo; no le pidamos más limosna al Gobierno, sino que nos devuelva un poco de lo que el cine le genera a la cultura. Hoy el cine canaliza hacia las cuentas nacionales más de un billón de pesos anualmente.

¿Cuál fue el resultado?

Entre la primera película colombiana, en 1915, hasta el 2003 se hicieron 280, mientras que entre el 2003 y el 2013 se hicieron 132, casi la mitad de lo que el país hizo en toda su historia cinematográfica. Todo a partir de unas herramientas y de un país que se dio cuenta de que el cine es importante.

¿Y eso generó una identidad del cine colombiano?

Hay gente que dice que no existe el cine colombiano o que es pornomiseria, que solo habla del conflicto. Yo no creo que, afortunadamente, haya una identidad del cine colombiano. Hay temas recurrentes como el conflicto o el narcotráfico, pero me parece bien porque refleja que hay un país atragantado de historias y una camada de realizadores en franca formación. No podemos pretender narrar cine como otros que llevan 60 años haciéndolo. Creo que lo mejor del cine colombiano está por hacerse.

¿Y de qué adolece?

Lo más vicioso del cine es que se piense solo como un cine de un millón de espectadores, que crea que para ganar público debe parecerse más a la telenovela.