Editorial

NI MARX NI JESÚS…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra-m6Esa fue la consigna que adoptamos hace muchos pero muchos años quienes siendo jóvenes entonces, caímos por ingenuos en la garras de la izquierda marxista, pero muy pronto nos dimos cuenta que allí no había sino carreteros de baja estofa, algunos con profundas tendencias criminales, que creían que matando era la única forma de hacer la revolución en este país. Y no solo matando a los “enemigos de clase”, sino igualmente a sus supuestos compañeros de lucha, en esas aberrantes expresiones de “purgas” que los fanáticos alienados de entonces promovían para mantener la “pureza” de la doctrina revolucionaria…

Pero tampoco Jesús, porque igualmente entendimos rápidamente que la Iglesia católica era tanto o más hipócrita que los supuestos marxistas, y que sus intereses estaban por esos años inevitablemente ligados al gran sistema nacional, porque claro, existían obispos generales, obispos asesores de ministros y de los grandes negociados de la educación gracias al retrogrado existente concordato de esos tiempos. Luego con ese lema, ni Marx ni Jesús, nos quedamos un reducido grupo de “revisionistas” –decían nuestros detractores- como en un limbo ideológico existencial en que, a más de tirar línea ideológica, económica, socióloga y jurisdiccional, vimos pasar el tiempo mientras los años se nos iban en las manos y nos contentamos con las columnas de opinión para medio paliar la rabia de la impotencia sustancial que entonces nos dominaba.

No sé por qué extraña analogía de la mente, esos viejos recuerdos aparecieron de nuevo cuando a raíz de las marchas convocadas por las huestes reaccionarias “uribistas”, muchos de quienes tenemos serios reparos con este cuento del proceso de paz, resolvimos que ni por el diablo le íbamos a hacer el juego a don Álvaro en su travesura perversa de canalizar el descontento de amplios sectores del país frente al actual gobierno en su favor. ¡Ni de fundas! Y entonces me surgió en la cabeza, por supuesto guardadas las distancias por quienes por lo menos en el legado histórico si fueron prohombres, la máxima de “Ni Uribe ni Santos”.

Y es que no deja de ser triste que un país que a lo largo de la historia se ha preciado de tener por lo menos un mínimo de coherencia mental, haya terminado radicalmente dividido entre dos arrogantes caciques de recia catadura, que la verdad, recogiendo el mote adjudicado al expresidente Uribe, parecen más capataces de finca que cualquier otra cosa. Coreando el extraño dicho de mi madre para algunas cosas de “eso en lo mismo pero distinto”, el señor Santos está repitiendo la misma película con la guerrilla que Uribe protagonizo con los paramilitares, proceso  con el cual algunos cuadros dirigentes de la subversión posiblemente se incorporen a la vida civil y democrática, pero igualmente de la que saldrá un grueso número de combatiente que no saben y no quieren otra cosa que hacer la guerra y el delito, conformando otra versión o sumándose a las ya existentes y poderosas Bacrim. Bacrim, o Arubeños, o Movimiento Gaitanista, que fueron capaces de paralizar un buen sector de la nación con su desconcertante paro armado, demostrando que no son precisamente unos “pelajustanejos” pintados en la pared.

El gran grueso de la clase política nacional, senadores, parlamentarios, gobernadores y alcaldes, han reducido toda su “capacidad intelectual” a sumarse a una de los dos cabezas dominantes de esta gran hacienda llamada Colombia, mientras entretenidos en la confrontación de “los titanes”, grandes problemas de orden social, económico, políticos y cultural se multiplican peligrosamente. Déficit fiscal, crecimiento económico que no se ve por ninguna parte, desempleo que ya vuelve a trepar por encima de los dos dígitos, hambre y desnutrición en sectores a los que solo el cubrimiento coyuntural de los medios de comunicación masivos hace que el estamento oficial trata de hacer algo por sus tragedias, etc., etc. .

¿Es este grande e inmenso país solo Uribe y Santos? Yo no lo creo. Y no lo cree la opinión pública que le dio al Presidente de la Republica el más bajo nivel de aceptación en la última encuesta de opinión de todo su periodo de gobernante, y que tampoco deja a Uribe como el gran consentido de los encuestados. Y que sigue siendo terriblemente escéptico en cuanto ese gran cuento del proceso de paz. ¿Pero y entonces? Hummm… En el limbo. La carta de Vargas Lleras se ha ido desdibujando con sus últimos incidentes de salud y la demacrada imagen de sus recientes presentaciones en público. Y al señor Humberto de la Calle, a quien quieren premiar su trabajo en La Habana con una candidatura presidencial, le acaba de salir el chicharon de aparecer en la lista de los “Panamá Papers”.  Habrá que ver si el aristocrático y refinado político es capaz de capotear este incidentillo como capotea a los duros dirigentes de las FARC. Pero ni para él, ni para los partidos, ni para el país las cosas pintan fáciles. ¿Sera que ese caudillismo retrogrado y estúpido que se da por toda la  América Latina, nos salvara de las desgracias, con sus dos desconcertantes exponente, Uribe y Santos?  Como reza la estrofa de un romántico bolero, lo dudo, lo dudo, lo dudo…