Editorial

PALOMINO, VICKY Y CAMILO…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra-m6Por culpa de unos dolores en los brazos producto de una vieja “culebrilla” que aún me deja consecuencias después de un año, pero también por verdadero tedio me he abstenido de hacer algunas cuantas anotaciones en torno a los acontecimiento ocurridos en la policía nacional que terminaron en la salida tanto del general Palomino como de la misma Vicky Dávila de sus respectivos puestos. Y lo primero que me irrita es la misma falta de solidaridad del conjunto de generales de una institución que, como ninguna otra en el país, debería dar muestras de unidad y solidaridad.

Y es que no nos digamos mentiras: las filtraciones a la prensa salieron con la autorización de muy altos mandos de la institución que, trenzados en una lucha de poder, no midieron las consecuencias en cuanto a lo que debería ser la imagen de una fuerza pública llamada como ninguna a dar muestras de compactación y unidad de propósito en bien del país. ¿Si en el cuerpo de generales de una tan representativa institución como la Policía Nacional no hay solidaridad y unidad de propósitos, en que otros estamentos del poder nacional los puede haber? Por eso cuando el señor Presidente de la Republica en torno al proceso de paz promete esta vida y la otra, yo vuelvo y me pregunto, ¿y quiénes son los que del estamento institucional están dispuestos a hacer cumplir tantas bellezas como las que dicen los papeles que firmar los compromisarios de paz en la Habana?

Ahora bien, en cuanto a la gran pregunta en el gremio de los comunicadores de si cada uno de nosotros habría publicado los videos que la señora Vicky Dávila puso a rodar sin ningún pudor en su medio de comunicación, yo personalmente no lo habría hecho. Vicky llevaba bien su debate hasta cuando, en un acto de ruptura de la intimidad personal de dos tipos, prestantes o no, destrozó una regla de oro que el buen periodismo no debe violar. Claro que aquí estamos acostumbrados, como en ninguna otra parte, a meternos en la alcoba, la cocina, la oficina y los parqueaderos de cualquier hombre o mujer público sin ningún pudor, en nombre de unos supuestos derechos del periodismo que cada uno de los comunicadores nos inventamos a motu propio. Y por eso como muy bien lo decía María Jimena Duzán en su artículo “El fin del Periodismo”,  “de un tiempo para acá, esa aureola respetable con que la sociedad nos ungió en años pasados se nos ha ido evaporando en la medida en que la opinión pública, que no es boba, se ha dado cuenta de que el periodismo que se practica hoy en Colombia es sinónimo de soberbia, de likes, de arrogancia y de genuflexión ante los poderes económicos y políticos, y que valores como la independencia y la ética son parte ya de la prehistoria”.

Seamos claros, en honor a la verdad Vicky Dávila no renuncio a RCN ni a la “F.M”, sino que “la renunciaron” desde la más alta cabeza de la empresa radial obedeciendo a innegables presiones de Juan Manuel Santos con la Familia Ardila. Y aquí viene otra gran verdad de la libertad de prensa de éste país sobre la que los comunicadores nos hacemos comúnmente los pendejos… ¿De quiénes son los verdaderos grandes medios de comunicación de Colombia? De los grandes pulpos económicos, de los “cacaos” del poder financiero nacional, y usted puede ir con su cacareada libertad de prensa hasta donde los dueños de la lonchera quieran,  si no es que otros métodos menos elegantes ayudan a que las “verdades” lleguen hasta cierto punto.

Ahora bien, yendo rápido de tema en tema, a mí lo que si me pareció muy “mamerto” fue la postura del gobierno nacional tratando de rescatar la figura del padre Camilo Torres Restrepo, para buscar granjearse al ELN a una decisión más rápida para entrar en diálogos de paz. ¿Cómo ha contestado el ELN a esa lobería del gobierno? Con plomo y más plomo… Nuevas vidas de policías han sido sacrificadas por parte de esta guerrilla desde el “gesto” con el que el Presidente Santos creyó que  sería suficiente para traer a la mesa de conversaciones a los “elenos”. Pienso que la imagen de brillante cura sociólogo que de alguna forma fue engañado en últimas por todo el mundo, ha tratado de ser usada utilitariamente en esto días de manera vulgar por los más variados estamentos de nuestra sociedad, y esto es oportunismo de la más baja calaña.

Empezando por un conspicuo y lagarto gran prelado de los Jesuitas que salió a defender, ahora y solo ahora, el nombre de Camilo, olvidando que fueron precisamente ellos parte de la rancia y reaccionaria dirigencia de la Iglesia los que le hicieron la vida imposible en “la civil”,  y prácticamente lo forzaron a irse al monte. ¿Y al ELN que hay que agradecerle en cuanto a Camilo Torres? El que sin ninguna preparación militar y recién llegado a sus filas le hayan entregado una pistola y lo colocaran al frente de un comando que enfrentaba al ejército, para ponerlo de carne de cañón en la refriego donde, efectivamente, murió. Y de esa victima inerme, no preparada para el uso de ninguna arma, se ufanó durante toda la vida el general Valencia Tovar.

Pero en este país nos hemos acostumbrado, desde tiempos inmemoriales, a vivir de sofisma en sofisma, mientras los problemas reales del país siguen iguales o peores. ¿Parte del realismo mágico? ¿O de la estupidez crónica? Usted decide amigo lector…