Editorial

SI NO ES EL VERANO ES EL INVIERNO…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra-m6Después de una larga temporada de verano que nos amenazó con un racionamiento eléctrico como en las épocas de Gaviria, y propicio que los chulos del sector eléctrico aprovecharan la oportunidad metiéndole la mano al bolsillo a los usuarios con alzas de tarifas, alzas que aun con las lluvias siguen vigentes, ahora lo que nos mortifica es el invierno que con sus torrenciales aguaceros hace daños en estructuras de obras publica, parques y viviendas, y dejan a más de una familia en la calle.

Son las consecuencias del cambio climático que, propiciado por unos seres que se las tiran de ser “la máxima creación del universo”, lo único que han hecho sobre éste planeta es destruirlo sistemáticamente hasta el punto de hacer irreversibles las consecuencias de ese daño sobre el globo terráqueo y llenarnos de miserias de las más variadas proporciones en todos los órdenes de la vida humana, con una frescura y un cinismo que no tienen límites.

Los últimos encuentros internacionales sobre defensa del planeta dejaron algunas promesas en cuanto a frenar la contaminación de parte de las grandes potencias que son los más fuertes depredadores del medio ambiente terrícola, pero esas promesas hay que tomarlas, como no, con el debido beneficio de inventario, porque para hipócritas los que se creen dueños de la economía y la política internacional, que con una risa macabra terminan este tipo de reunión haciendo propósito de enmienda pero que con los dedos de los pies están haciendo pistola.

Ahora bien, el sentido común –que es el menos común de los sentidos- de los habitantes normales de estas sociedades tampoco ayuda mucho a buscar soluciones, porque entre los paisanos comunes y corrientes de todos las razas, culturas e idiomas, ha hecho carrera la tesis de que nada es más sintomático del desarrollo personal y social, que tener carro. Aparatico este último que es uno de las grandes contaminantes del medio ambiente, así la publicidad mentirosa de los grandes constructores y comercializadores de vehículos nos digan que están utilizando tecnología que no contamina. Falsedad de falsedades.

Pero además de los efectos de los combustibles fósiles en la vida saludable del planeta y sus habitantes, la contaminación auditiva y el estrés producido por los trancones interminables destruyen, lentamente, más vidas que cualquier guerra, y para la muestra un botón: nuestra supuesta y gran desarrollada Bucaramanga. Desplazarse en esta ciudad a cualquier hora del día –y no solo en las horas pico- es la tortura más desesperante que hay y, si eso, en opinión de algunos teóricos baratos de nuestra sociedad, es “calidad de vida”, estamos jodidos.

Ahora bien, hacer nuevas y más amplias vías no disminuye el problema porque, en opinión de los expertos, esto invita a una mayor utilización del vehículo de parte de los pequeños burgueses arribistas de todo el planeta, y así, mientras nos dicen que nos están haciéndonos un favor con la ampliación de calles y el diseño de nuevas avenidas, nos están clavando el cuchillo por la espalda, incitando con esta acción a que se compren más y más carros. ¿La solución? Parece que no la hay, porque convencer a nuestros trogloditas teóricos del desarrollo urbano que renunciar colectivamente al vehículo particular para propiciar un mejor nivel de vida sería lo mejor, es casi que imposible.

Luego, ¡llevemos del bulto! Por fortuna para algunas élites internacionales los que casi siempre llevan la peor parte en estas tragedias atmosféricas son los sectores más pobres del planeta, y eso a ciertos encopetados señores como que les importa un carajo. Y llevemos del bulto, porque contrariamente a la creencia estúpida de algunos creyentes ingenuos, las consecuencias del cambio climático no se detienen con oraciones. La naturaleza no sabe de componendas estúpidas con las leyes del medio ambiente. Así que sigamos contrayendo más avenidas, destruyendo bosque natural para urbanizar o sembrar cocaína, para que vean que más temprano que tarde los incendios forestales o las inundaciones apocalípticas nos van a llegar a la puerta de nuestra casa.