Editorial

SIN CONTROL ESTATAL SOBRE EL TERRITORIO NACIONAL.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

Con entusiasmo no experimentado desde hace muchos años participe en la protesta organizada por los gremios periodísticos de Santander en el Parque de Santander, en rechazo de uno de los peores crimines que pueden existir en la humanidad, el del secuestro. Pero la acción criminal contra Salud Hernández, como se ha cometido igualmente en el pasado contra otros muchos periodistas de éste país, solo es posible porque, como es de conocimiento del país pero vale la pena recordarlo una vez más, no hay verdadero y efectivo control del Estado colombiano sobre todo el territorio nacional, y hay extensas zonas donde la guerrilla, los paramilitares y la delincuencia en general, han creado verdaderas repúblicas independientes donde cada una de esas facciones hace lo que se la da la regalada gana.

Y no solo no hay control estatal, militar y administrativo, sino que, como está quedando plenamente esclarecido en este nuevo movimiento campesino que nos afecta por estos días, no hay inversión pública, preocupación por las vías, los acueductos, la salubridad y el destino de miles de colombianos que parecieran que vivieran en otra patria, en donde la famosa institucionalidad es solo un referente retorico que no le dice nada a tantos y tantos hombres y mujeres que ven como sus días van de tumbo en tumbo, de tristeza en tristeza y de miseria en miseria, sin que la presencia oficial, nacional, departamental o municipal, diga aquí estoy como doliente para tratar, de verdad, de buscar una respuestas para todo este ingente ejercito de nacionales sufridos.

Y es donde, como no, nuestras preocupaciones por los desarrollos posteriores a lo que parecer ser una inminente firma de un acuerdo de paz con las FARC, se disparan, porque si bien es cierto es muy importante que un número importante de nacionales dejen de perder la vida, uno se pregunta si alguna vez fue cierto el discurso de la guerrilla sobre las causas objetivas de la insurgencia, esto es, las condiciones de limitación y pobreza de un grueso número de los colombianos. Claro, en toda América Latina y todo el mundo hay pobreza y limitaciones, pero en ninguna de esas zonas eso fue pretexto para legitimar la insurrección armada, y justificar acciones como las extorsiones, el secuestro, la voladura de oleoductos, crimines y otras cosas afines.

Firmado el acuerdo de las FARC con el estado colombiano, ¿quedan esas zonas terriblemente pobres en la vía de una recuperación económico y social a mediano plazo vista? La verdad es que no, y toda la retórica de las mesas sobre los tales puntos para llegar a una acuerdo parecen hoy ser más que nunca letra muerta, sobre todo en el terreno de sector campesino al que no solo el gobierno le ha hecho pistola con las promesas del paro pasado, sino a los que la guerrilla ha explotado y pisoteado de manera miserable.

Las FARC firman pero los del ELN no, ni los Urabeños, ni los Usuga, ni los traficantes de drogas que tienen unos impresionantes ejércitos particulares. Luego uno se pregunta en donde queda toda la retórica emocional de esos sobreexcitados con el tal acuerdo,  cuando ni la erradicación definitiva de las confrontaciones armadas se va a ver, ni la vida les va a cambiar en el inmediato futuro a miles y miles de colombianos que viven entre la tristeza y la miseria. Claro, esa no es la visión de quienes quieren dar otra impresión tratando de gobernar al país a punta de boletines de prensa oficiales, en donde ríos de miel y leche parecen estar a la vuelta de la esquina.

Y lo que hacía justamente Salud Hernández cuando fue retenida por los elenos, era ir a la fuente de los grandes males del país, para ver sobre el terreno cual es la auténtica realidad de muchos zonas y núcleos sociales sobre los cuales la versión oficial, hecha de retorica sobre retorica, trata de cubrir un paisaje triste con versiones rosas muy chapuceramente decoradas. Por eso ese tipo de periodismo no gusta a muchos sectores nacionales, ni a varios grupos de la subversión y la delincuencia, para quienes lo ideal sería mantener la perorata de cada uno de ellos, con estrellitas y decoraciones multicolores estúpidas.

Y tanto es así que desde ciertos sectores de la institucionalidad se han creado premios de periodismo para condicionar el manejo de la información bajo rótulos majaderos como “la positividad y el estímulo al desarrollo”,  no importa que este supuesto teórico último se haga sobre un entorno de zonas y barrios marginales en donde también, aunque no se publique, los niños se mueren de desnutrición y hambre. Pero es que manipular la realidad es muy importante, y para ello no sirve el periodismo objetivo y descarnado, que llama al pan, pan, y al vino, vino.