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Cartas de Don Clímaco: DE UN PARTIDO LIBERAL REACCIONARIO…

Señor Director:

Vivíane Morales, ¿liberal?

Me había propuesto no volver a escribirle estas cartas a usted porque su señoría ya sabe de mi manía de redactar largo y, yo no sé porque, si tiene usted todo el espacio del mundo en su página virtual, trata de ponerle cortapisas a mis prolongadas expresiones epistolares. Pero en fin, señor Sierra, el mundo está lleno de sorpresas y contradicciones inexplicables, y es eso, justamente, lo que me ha impulsado a volver a coger la pluma y dar rienda suelta a mis soberbias reprimidas.

acregh00884Usted y yo señor director militamos en el partido liberal cuando éste era, más claramente que ahora, un serio exponente de la izquierda liberal y propugnaba – a empujones contra la “godaria” que nunca ha faltado en el liberalismo colombiana – por una defensa de los intereses del pueblo y una práctica de actitudes que le dieran a esta nación una expresión de modernidad y justicia en el concierto de los pueblos.

Y digo que militábamos, en pasado, porque sé que tanto usted como yo nos hemos desencantado de esas actitudes tibias, que no son ni chicha ni limonada, gracias al cual en el seno del partido hay espacio para toda una zoología de posturas contradictorias, como –para solo referirme a dos casos en concreto- la señora Viviane Morales que en nombre del trapo rojo propugna echar atrás mediante un referendo el fallo de la Corte Constitucional que le dio vía libre a la adopción a las parejas homosexuales. Usted dijo en una de sus columnas hace algunos días que ese temita de la adopción de niños no lo atraía muchos y, la verdad, a mí tampoco. Pero pretender atravesársele a la Corte Constitucional ante uno de sus fallos más liberales de la jurisprudencia colombiana en toda su historia, es ser, no solo godo, sino reaccionarios a morir, fascista, y este solo hecho invitaría a un partido serio para que su comité de ética pensara seriamente en la expulsión de esta señora del liberalismo.

Darío Echandía – masón – puso marcha la gran reforma educativa que propuso el gobierno de Alfonso López Pumarejo

Pero no, esa mescolanza de chica, limonada, guarapo, cerveza, whisky y beatería encubierta que es la suma del liberalismo colombiano, que todavía para más descaro disque hace parte de la Internacional Socialista, da para tragarse unos sapos, esos si inexplicables. Y lo que me ha resultado más fastidioso es que ese liberalismo que nosotros conocimos hace años, cuando los machos eran machos y la palabra valía, que se caracterizó por su anticlericalismos y su militancia en la masonería sin temores, haya terminado siendo el refugio de toda una serie de sectas evangélicas ultra dogmáticas, fanáticas y tan peligrosas como los fundamentalistas religiosos del lejano oriente. ¿Liberales estas señoras y señoritos pastorcitos del billete?

Y me puse a echar memoria y  a hacer un poco de historia para recordarle a estos jefes cachiporros desteñidos de ahora, por qué los liberales de entonces eran anticlericales y masones, producto de una reacción no más que natural frente a la acción incendiaria de los curas quienes, apoyando a los conservadores de entonces, decían que matar liberales no era pecado, porque los liberales eran la encarnación misma del diablo. Tan estúpidas afirmaciones –violencia verbal – fue como en el caso se la actitud de la Curia Roma en contra los judíos en su tiempo, un acicate para que las vidas de los liberales valiera poco menos que una colombina de a centavo de esa época.

José Hilario López goberno en 1849. Liberal y masón, expulsó a los Jesuitas del territorio colombiano.

Citando un texto del investigador norteamericano Tomas J. Williford – han sido los extranjeros más independientes en los estudios históricos que esa “cochada” de viejos gaga que posan de tal en las empenachadas Academias de Historia – leemos que “en Colombia el anticlericalismo de los gobiernos liberales comenzó con la administración de José Hilario López en 1849. Masón activo, López fue responsable de la expulsión de los Jesuitas del territorio colombiano e intento separar a la iglesia del estado mediante otras leyes”. Entre los políticos colombianos, masones activos de mediados del siglo XIX, se encuentran personajes como José María Obando y José María Melo –sigue escribiendo el señor Williford- pero el más importante de ellos fue sin duda don Tomas Cipriano de Mosquera, hermano del expulsado arzobispo Manuel José Mosquera.

Dando un gran salto en las interesantes páginas del libro que cito, porque los jóvenes  – “de ahora” como dicen ciertas señoras no sé si castizamente- no son muy dados a las lecturas largas, nuestro autor refiere como cuando Olaya Herrera – masón- fue elegido Presidente en 1930,   sugirió una reforma educativa inspirada en el ejemplo del Gimnasio Moderno –de vena masónica- y por entonces dirigido por su fundador, Agustín Nieto Caballero. Las reformas propuestas por la administración de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo (1934 – 1938) fueron defendidas y puestas en marcha por el masón Darío Echandía, su Ministro de Educación.

La relación entre la actitud laicista, el libre pensamiento, la masonería y la educación marca definitivamente el derrotero ideológico de lo que fue nuestro viejo partido liberal, y cuando uno va en contra de los principios básicos e históricos de lo que una colectividad ha marcado se es, sencillamente señor director, un traidor. Por eso no resulta desde ningún punto de vista justificable que la bancada liberal le haya ofrecido sus votos de respaldo  a la absurda y contra lógica propuesta de  la señora Viviane Morales. Ahora bien, la transversalidad que la educación en la postura histórica del verdadero partido liberal, hace que la actitud de la Ministra de Educación, Yina Parodi, tenga una trascendencia ideológica  fundamental, pero, oh desgracia, los desteñidos cachiporros en el parlamente y en la administración no se han dado cuente o han preferido hacerse los pendejos frente a la arremetida que la luchadora y valiente mujer ha recibido de toda la caverna política nacional.

La señora Piedad Córdoba que muy bien en el nuevo partido de las FARC. ¿Pero liberal?

Pues la señora Vivian Morales no es de pensamiento político liberal –así se ponga todos los lindos vestidos rojos que quiera-, como no es liberal la señora Piedad Córdoba. Ser de un partido liberal de izquierda es una cosa, pero ser tan emocionalmente partidaria de la Revolución Bolivariana de Chávez y ahora de Maduro, como tan afecta al accionar de las FARC desde hace tiempo, es otra cosa. Y que bueno sería que ahora que las FARC se van a constituir en partido político, doña Piedad reciba en carnet 001 de esa colectividad y ojala vuelva a ser Senadora en nombre de ellos. Pero citando una vez más la enrevesada premisa de mi querida abuela, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.

Claro que con el ejercito de camaleones que hay en lo que llaman el partido liberal -de ahora- uno termina perdiendo la identificación entre una cosa y la otra. Y como esos señores no tienen la entereza de nuestros líderes de antaño,  no se puede pedirles que recapaciten para enterrar el monstruoso adefesio de la señora Morales. Ah y en cuanto a los masones, como dicen las gentecitas del común por ahí, no es cierto que tienen pacto con el diablo, comen gato en sus reuniones y son ateos. Entre los pocos ateos de la masonería santandereana está usted señor director, y sé que le toca pisar pasito, porque parece ser cierto que la única diferencia entre los masones y el resto de los católicos es que ellos van a misa a las 5 de la mañana para que nadie los vea, y los otros van a las 7 de la mañana para que toda la feligresía noten, con regocijo, su presencia.  Y como dicen las camanduleras pero tan lindas viejecitas  católicas, no crean que es cierto que los masones y los ateos se van para el infierno. Aunque si uno hiciera caso a todo lo que se escucha en la calle, sería mejor ir al infierno, ya que se supone que allá están todas “las mujeres malas”, que en últimas son las verdaderamente “buenas”…

Cordialmente:

DON CLÍMACO.