Editorial

TAXISTAS CAVERNÍCOLAS…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra-m6Desde tiempos inmemoriales los sistemas políticos, económicos, sociales y militares siempre se han puesto al servicio de los ganadores de guerras y o elecciones transparentes o espurias, o de los nuevos sistema que el paso de la historia nos fue ofreciendo: del imperialismo romano al feudalismo, de esta al gobierno de los pequeños grupos de familias aristocráticas y luego a las seudo democracias formales y, por último, a ese zoológico de administraciones y dictaduras multifacéticas que se ven en este desconcertante siglo XXI. Y siempre, la verdad, el orden constitucional y económico, es dictada por los que tienen, transitoriamente o por años, la sartén por el mango.

Pero en gobiernos tropicales como el  colombiano, la democracia formal a permitido que pequeños grupos de intereses tengan sus privilegios dominantes, y, por ejemplo, para hablar de una tema al que me referiré a continuación, los transportadores de Santander, aupados pero igualmente financiadores del partido liberal, lograron establecer un notablato de empresarios del transportes que entre militancia política y manejo de sus empresas, echaron sus raíces definitivas en nuestro entorno… De ahí salieron los Melvin Salamanca, los Alfonso Pinto y el señor Navas en los taxis, entre otros muchos, que, la verdad, en lo que tiene que ver con el transporte de bus urbano, lo hicieron muy pero muy bien.

Porque hay que decirlo con franqueza, hasta que apareció el engendro perverso de las grandes empresas de transporte masivo inducidos en todo el país por el señor Álvaro Uribe Vélez, el servicio de bus urbano en Bucaramanga era excelente y uno contaba con 2, 3 y hasta 4 rutas para ir a cualquier barrio de la ciudad. Sí, entabamos acostumbrados a coger el bus en nuestra puerta de  la casa, ¿y qué? Pero con la puesta en marcha del esperpento de “Metroruina”,  muchos de los barrios de la ciudad se quedaron sin transporte de bus oficial, y los señores conductores de taxis comenzaron a imponer sus “patanadas”, empezando por decir que a ciertos sectores  no prestaban servicio.

Creado el hueco del mal diseño de los corredores viales de Metrolinea y la arbitrariedad de los señores que algún locutor en busca de audiencia a cualquier precio llama “el poder amarillo” –todavía hay quien se venda por un plato de lentejas-, la malicia indígena de un ejército de desempleados y subempleados que siempre han sido muchos en esta ciudad, vieron que el plato estaba servido para lo que se llama eufemísticamente el transporte informal, y el mototaxismo y los carros particulares haciendo colectivos comenzaron a hacer plata de la buena. ¿Culpa de quién?

Hace algún par de meses un General Comandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, que conoció muy pero muy bien los problemas de la ciudad, en un debate en el Concejo Municipal de la ciudad dijo, con la piedra afuera después de oír tantas estupideces en esa reunión, que resultaba un despropósito mayor tratar de impedir que las gentes de barrios, a los que no llegaba el transporte de buses institucionales, ni iban los señores taxistas, trataran de llegar a sus sitios de trabajo por cualquier medio posible.

Ah, pero los señores taxistas envalentonados por tantos años de recibir la protección institucional del establecimiento oficial del área metropolitana de Bucaramanga, y pertrechados en sus crucetas, machetes, cuchillos y hasta revólveres, creen que a la fuerza y con sus expresiones de incultos redomados, le pueden imponer, porque si, su dictadura tenebrosa a una ciudad que está cansado de tanto guache que cree que pueden encaramar a todo el mundo con sus arranques de matones, y que aun pretende intimidar a la administración municipal y a la AMB. Y el problema no es de precios… Y la prueba es UBER. UBER es mucho más caro que cualquier servicio tradicional de taxi, pero lo que la gente quiere y paga es la buena atención y el buen trato. No siempre uno pide un servicio de transporte para que lo traten como si fuera un gamín de tercera categoría, pero eso no lo pueden entender gentes sin cultura.

No la va a tener fácil el nuevo director del AMB y nuestro Alcalde en esta materia, porque no nos digamos mentiras, las gentes de los sectores populares, aquellos a donde no va ninguno de los “encopetados” servicios de transporte “legal”, aprendieron a subirse en una moto, y entendieron que así cueste un poco más que el bus tradicional, llegan más rápido a su destino. ¿Recurrirá el señor Director de Tránsito de la ciudad al expediente fascista y arbitrario de eliminar el parrillero en los servicios de motos  como la supuesta única forma de derrotar el mototaxismo? Habrá que esperar a ver… Ya hemos visto como a lo largo de la historia del mundo cada gobierno y gobernante sirve a intereses económicos y sociales específicos, y aunque nuestro Ingeniero Alcalde dice que quiere hacer un gobierno popular y sin corrupciones, hay que ver si al final eso es así. Hasta ahora ha dado muestras de querer encaminar su administración por caminos sanos, y no creo que sea de a los que las crucetas, los machetes, los cuchillos y los revólveres lo intimiden.

Y en cuanto a Metrolinea, señores, tanto la entidad en si como las empresas prestadoras de los servicios de buses, están literalmente quebrados… Los faltantes en diferentes áreas del rol administrativo y de rodamiento de ésta es de varios miles de millones de pesos, y esos no se consiguen con solo buenas intenciones. Sobre todo si no se corrigen los viejos y ya más que conocidos defectos, que desgraciadamente mucha veces sobrepasan las buenas intenciones de su actual gerente. Ahí hay una difícil y dolorosa historia, que algún día habrá de conocerse con pelos y señales…