Editorial

VOTO POR EL SÍ, PERO…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

img_20160507_161718Hay que ser patológicamente enfermo para preferir la guerra y la pelea en todo momento, y por eso nunca he podido negar que soy amigo de la paz, salvo que ciertas experiencias en la larga vida de periodistas no me hacen ver las cosas tan color de rosa, sobre todo las provenientes de una guerrilla que durante mucho tiempo y diferentes gobiernos, bailo de lo lindo para terminar siempre por fuera de una posibilidad real de una firma hacia una paz estable y duradera en Colombia.

Aunque no he podido terminar de leer el mamotreto que parece estar hecho exactamente para que nadie lo lea o lo entienda, digo que esta vez me doy por satisfecho con los esfuerzos que han hecho las diferentes corrientes que pugnan al interior de las FARC, para logran un principio de acuerdo definitivo con el estado. Y claro, no soy tan ingenuo como para creer que el Secretariado Fariano y sus muchachos se volvieron las palomitas de Fátima, de la noche a la mañana.

Luego aunque declaro sin ambages que votare por el SI en la cita electoral que se nos vino encima, no dejo de dudar que el gobierno de Juan Manuel Santos tenga la capacidad tanto política como económica para cumplir tan buenos pajaritos que nos pintan en el mamotreto de marras. Sobre todo cuando inmediatamente dado a conocer los términos del acuerdo, el gobierno nacional nos avisa – ¡sin ningún pudor! – que nos va a golpear con una reforma tributaria que nos va a doler a todos en el alma, y que va a crear, no lo duden, unos grandes problemas de manejo económico micro y macro estructurales al interior como hacia el exterior del país.

¡¿Ah que rico no, don Pepe?! Usted es el héroe de la jornada pero con la plata que nos saca del bolsillo a nosotros, los pobres pendejos que nos estamos muriendo de mil y una limitaciones… Y nos la saca de la manera más matrera e indolente, mientras su señoría será el que queda como el superhombre del paseo.  Guardadas las proporciones, -¡y bien guardadas!- siento que el procedimiento no se diferencia mucho que digamos de las tácticas de “boleteo” de sus nuevos mejores amigos de la insurgencia, a quienes no les importaba si su víctima tuviera recursos o no, porque pagaba el secuestro o pagaba. O en su defecto, se moría.

¿Gran conciencia social? ¿El nuevo socialismo a la Colombiana del siglo XXI, que promete transformaciones que no se habían visto nunca? Y arranquemos con una botón de muestra fresquecito: ¿qué hay detrás del asesinato de Cecilia Culcué, líder campesina del Cauca?, como se preguntó ayer el diario Vanguardia Liberal en una nota periodística, transcribiendo interrogantes de algunos comunicadores en Bogotá… Y aunque en desarrollo del trabajo de información la Fiscalía le dice a los medios  que “no es por el tema de instalación del campamento de la Farc”, que se dio esa muerte, pues mi experiencia de más de 40 años como informador me ha enseñado, muy exactamente, a desconfiar de las primeras declaraciones de los organismos estatales cuando los hechos están fresquitos…

Pero aceptemos en gracia de discusión que ciertamente no fue el crimen originado por que la señora se movía en una zona escogida para la ubicación de los guerrilleros lo que determino la vil acción.  ¿No estaría demostrando esto, por millonésima vez, que hay amplias zonas, muy amplias, en las que el estado colombiano no tiene control de sus ciudadanos y, lo que es peor aún, no ejerce en la práctica ningún tipo de soberanía? ¿Que nos van a decir –que Dios no lo quiera como expresaba mi beata y rezandera abuela- cuando comiencen a aparecer aquí y allí miembros de la militancia de base ex guerrillera agredidos de diferentes formas, y solo nos repitan, cientos de veces más, “que no fue por el hecho de ser ex guerrilleros”, etc., etc.?

No hay que olvidar que en este país organismos como la Fiscalía General de la Nación o la misma Procuraduría no están, para nada, desligado del entronque politiquero, lo que quedo más que demostrado con el Fiscal saliente, o el hecho que el Consejo de Estado se haya gastado toda una eternidad para tomar una decisión que estaba cantada desde el momento mismo en que se produjo la reelección improcedente del señor Alejandro Ordoñez. ¿Justicia? ¿Cuál? ¿La que ejercía el indigno Magistrado Pretelt cuando cobraba millonadas por inclinar una determinación judicial –teóricamente en derecho- en una y otra dirección? Claro, voy a votar por él SI, pero no soy tan tonto como para creer que todas estas fallas estructurales de la justicia, la económica, la salud, el comercio, la producción industrial, la competencia desleal, el contrabando, etc., etc., van a desaparecer como por arte de magia solo con ganar esta elección y tratar de poner en practica todo ese millón de párrafos que tiene el “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera”.

Aun a despecho de hacerme un poco largo en estas líneas, quiero detenerme en el primer punto del mamotreto, porque donde Dios es ciego el diablo ve con plena claridad. El encabezado del primer punto del acuerdo dice: “Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral” ¡¿Que qué?!Me detuve a releer el encabezado de este primer punto varia veces porque me pareció que, o me estaba volviendo loco o nos están mamango gallo de frente descaradamente. ¿Otra vez el cuento de la Reforma Rural Integral? Lo que pasa señores es que este temita – el de la tierra – cruza toda la historias de la inestabilidad social, económica y de convivencia desde la independencia, pasando por los años de la “Patria Boba”, la supuesta Revolución de los Comuneros y recientemente los gobiernos de López Pumarejo y por último – el más serio esfuerzo en tal sentido – el del  Gobierno de Carlos Lleras Retrepo, cuyas intenciones se las hicieron tragar enteritas  los terratenientes  de Colombia, en el muy mal recordado Acuerdo del Chicoral.

Pues bien, voy a votar por el SI y, enseguida, me sentare a ver si en lo que resta de mi existencia yo veo cristalizada, de verdad, verdad, una Reforma Agraria Integral, mientras los grandes propietarios de tierras de éste país, rurales y urbanos, se quedan como unos mansos corderos viendo como les quitan sus haciendas, su ganado, sus propiedades, su plata y su poder, sin chistar nada. Y yo no niego que una reforma rural integral sea necesaria y deseable en este país. Lo que pasa es que los que dueños de las tierras, la plata, el poder y las armas, no la han dejado hacer ni por chiras, hasta hoy… ¿Ahora sí? Quiero verlo.

Una amigo fanático cristiano dice que como yo no creo en “su Dios”  es el diablo el que me hace ver mal las cosas, pero eso sí, a si sean tretas del tal cachudo, a mí sí me parece muy pero muy raro que la primera muerta después de declarada la tregua bilateral entre las FARC y el Gobierno, sea  precisamente  Cecilia Culcué, una humilde pero inteligente  líder campesina del Cauca, que trabajaba por el bienestar de los habitantes de La Cominera, la vereda donde se instalará uno de los ocho campamentos donde las FARC en su paso hacia la vida civil. Bueno, creámosles a las declaraciones apresuradas del investigador de marras. El crimen no sería exactamente porque para esa vereda van los troperos de la guerrilla fariana, dice la versión oficial, y más bien parecería –el dubitativo es del vocero de la Fiscalía – de que al parecer –es decir versiones apresuradas de los investigadores – se trataría de una disputa familiar por el predio donde se ubicaría uno de los puntos de concentración de la guerrilla.

 ¡Peor todavía! Porque eso demostraría más que palmariamente todos los sentimientos agresivos y mezquinos que incitan la propiedad de una pedazo de tierra. Lean bien, de un pedazo… ¿Se imaginan lo que puede surgir en el interior de todo un puñado de terratenientes, propietarios de grandes fincas palmera, ganaderas o solo de engorde, cuando vean que por la vía de la tal Reforma Agraria Integral les van a quietar una buena tajada de sus reinos de este mundo? La verdad no me lo quiero ni imaginar…    De todas formas a ciertos amigos creyentes cristianos – ¡tan fariseos como siempre que van a vota por el NO! – y a las abuelitas camanduleras que no tienen la culpa de ser tan ingenuas pero tan buenas, les pido que oren –ellos y ellas que creen en la tal efectividad de la oración -bien duro para que el gane el SI, a ver qué pasa. Y claro, les agradezco de antemano, por si acaso les por pedir al cielo por mi “salvación” ya que pierden su tiempo,  porque yo soy un caso perdido. Y puesto a escoger, creo que en el infierno –si existiera – se pasa más rico. Porque según las malas lenguas, allá están las mujeres malas, que son realmente –no lo duden- las más buenas.

Ya seguiremos hablando de los otros puntos del no facilmente leíble mamotreto. Que es bien pero bien indigerible…