Editorial

¿Y LLEGO LA PAZ?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

Con bombos y platillos el gobierno nacional nos ha regalado con la noticia de que se han protocolizado en su totalidad los acuerdos entre la FARC y el Estado nacional para lograr la paz con ese grupo guerrillero y, la verdad, no  dejamos de tener cierta satisfacción patriótica de que eso sea así. Una de las tantas dudas que tuvimos a propósito de este camino emprendido por la administración Santos era que las FARC enredaran tanto el proceso que otra vez, como fueran muchas en el pasado, los diálogos fracasaran.

Pero no. La guerrilla se la ha jugado toda para que el procedimiento haya llegado, hasta ahora, a buen puerto, y eso hay que resaltarlo a pesar de todas las prevenciones, entendibles, de varios sectores del país frente a éste grupo armado. Al que ojala, y lo digo haciendo de abogado del diablo, no se le haga pistola. Porque en anteriores procesos de reintegración, el del  M-19 y de los paramilitares por ejemplo, si bien a los líderes les fue relativamente bien –salvo lo que  pasó con los jefes paras que terminaron traicionados por Uribe-, los militantes de base acabaron olvidados de todo el mundo, empezando porque a los que efectivamente se pudieron reinsertar, no siempre les cumplieron con las promesas que con tanta publicidad se les hiciera.

Y que el señor Uribe y compañía, no jodan más… No se hace un acuerdo de paz con un grupo al margen de la ley para que estos terminen todos en la cárcel, porque eso no es acuerdo ni nada que se le parezca. El señor de la Seguridad Democrática estuvo ocho años en el poder vociferando que iba a acabar con la guerrilla y no lo pudo hacer. Desafortunadamente las masas –eso que los demagogos de todos los pelambres llaman el pueblo- tienen una mala memoria y juegan más al vaivén de las circunstancias y las emociones de última hora, que frente a una evaluación ponderada de las circunstancias históricas. Y para peor de males, el señor Juan Manuel Santos tiene una pésima capacidad de comunicacion con sus gobernados y en lugar de sumar en sus propósitos de vender su gran acción de gobierno a sus compatriotas, cada vez que quiere hacer más hace menos. Lo que le da una gran ventaja a su neurótico opositor que, desafortunadamente, llega más a ciertos sectores de opinión con su berrinche de paisa embaucador, y pareciera estarle pegando un gran susto al gobierno en la vía hacia las votaciones para ratificar los acuerdos de la Habana.

Ahora, no solo es que la firma de los acuerdos en Cuba no es la paz inmediata, sino que a las largas promesas que el estado le ha hecho a la FARC  y al pueblo colombiano hay que meterle plata, y mucha, y esa no está precisamente ni sobre la mesa de conversaciones ni en los bancos. Por encima de todas las mentiras patológicas del señor Ministro de Hacienda, la verdad es que la situación económica del país no es para nada buena, con el terrible agravante de que las empresas evaluadoras de las economías nacionales en el  mercado internacional le han bajado la calificación a niveles gravísimos a nuestra economía, lo que hace que nadie quiera hacer con tranquilidad negocios con nosotros o nos quieran prestar fácilmente dólares. Y de la dimensión de hueco fiscal no hablemos, porque eso produce infarto. Pero claro, ya nos tienen listo un buen chuzón con una reforma tributaria que parece que va a ser pero bien esquilmadora.

Para solo hablar de un botón de muestra, hay que recordar que ya a estos meses del años  unas obras del famoso Contrato Plan de Vías de Santander se han paralizado,  porque desde el gobierno central  no se han hecho los desembolsos requeridos para seguir con el buen ritmo que traían éstas. Y ello porque aunque Santos, Vargas Lleras y todos los que cada rato vienen a Santander cacareando mucho de los supuestos huevos de oro para nuestro departamento,  a la hora del té no resultan tan efectivos como en el discurso. Ahí tenemos a nuestro Gobernador pasando las verdes y las maduras para responderle a nuestras gentes por unas responsabilidades que están todas  en el gobierno nacional y no en el departamental.

Así que ojala las alegrías de hoy no sean las del perro gocho. Como decía mi abuela, el papel aguanta todo. Y de aquí en adelante el balón está en los pies del gobierno, porque es a él y solo a él a quien le toca cumplir con todas las promesas en obras y reformas con las que amarro la  firma de la paz. Amanecerá y veremos. Y ojala que no nos pase como en el cuento de marras, que el pobre ciego vio llegar el otro día, y no vio ni pió…